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La comediante boliviana que desafía el racismo en Argentina: “España no puede decir lo mismo”

23 julio, 2026
in Sociedad
La comediante boliviana que desafía el racismo en Argentina: “España no puede decir lo mismo”
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La comediante boliviana Nata Calpurnia se presenta en una verdulería de Buenos Aires. Detrás de ella, se observan cajones llenos de verduras. En sus manos, sostiene un micrófono invisible mientras filma un stand up con su celular.

“Soy Nata, su verdulera boliviana. A mí no me van a contar sobre racismo porque viví en ambos países. ¿Y saben qué? En ninguno de los dos me reconocían como boliviana, siempre me decían peruana”.

Su video ha acumulado más de 100.000 reacciones en Instagram. En solo dos minutos, la humorista aborda un debate que ha sido complicado de articular desde la final del Mundial.

Con una estatura de 1,78 metros, sus rasgos han sido objeto de comentarios en su infancia. Sufrió bullying en la escuela, lo que la llevó a descubrir que el humor podía ser su defensa. “Siempre utilicé el humor para protegerme de las ofensas”, explicó el entrevistado en una conversación telefónica.

Originaria de La Paz, Nata creció en una zona de mercados que por la noche se volvía peligrosa. Se graduó como abogada y ejerció la profesión, pero su inclinación hacia el arte siempre estuvo presente. Tomó clases de actuación y, eventualmente, se enamoró del stand up. Su primer recuerdo de un chiste en un escenario paceño estuvo relacionado con su padre, quien la había abandonado.

Antes de su video en la verdulería, había otro que también logró cierta difusión, aunque con menos impacto. “Primero se viralizó un chiste sobre Javier Milei. Dije que apoyaba al presidente argentino porque ahora las políticas laborales de Bolivia ya no son las peores del continente”.

Calpurnia no llegó a Buenos Aires como turista, sino como comediante, presentándose todos los días durante un mes. Lo que encontró aquí la sorprendió. “El stand up está muy arraigado. Si tienes éxito, te invitan a subir de nuevo, sin preguntarte si eres boliviana o argentina”.

En su país, el arte tiene un acceso limitado. Buenos Aires le mostró una realidad diferente, con espectáculos nocturnos y una vida cultural vibrante que, a pesar de la crisis económica, sigue en pie. “Incluso en tiempos de crisis, la gente apuesta por la cultura”, reflexionó.

Su experiencia en la ciudad ha sido, en sus propias palabras, “el momento más feliz de este año”.

El trasfondo del video de Calpurnia se sitúa en un debate global que ha tomado auge en redes sociales. Argentina acababa de perder ante España en la final del Mundial 2026 por 1 a 0, en tiempo suplementario, con un gol de Ferran Torres en el minuto 106. Antes del final del partido, el actor Samuel L. Jackson ya había compartido un mensaje en redes que calificaba a Argentina como “uno de los países más racistas del mundo”.

Inequívocamente, Nata Calpurnia apareció en la escena, con un tono perfecto para el momento.

Una de las afirmaciones más contundentes de su video no es un insulto, sino una observación. “La gente como yo tiene que elegir qué tipo de racismo quiere. Yo escojo el argentino porque somos bolitas, pero somos sus bolitas”.

La observación acerca de ser frecuentemente identificada como peruana tanto en Bolivia como en Argentina resulta casi cómica en su exactitud. “Todo bien con los peruanos, pero basta de pensar que todos los morenos somos de Puno. Saludos a mi tía Juanita de Arequipa”, bromea Nata.

En la capital argentina, el material que llevó a los escenarios abarcó precisamente eso: “Hice chistes sobre los bolivianos en Buenos Aires, desde el clásico acerca de quién atiende la verdulería, hasta ‘vengo de Liniers, algo que ustedes no conocen’”. La verdulería del video no es solo un escenario, sino un espacio crucial para la comunidad boliviana en Argentina.

Respecto a la discriminación que sufrió durante su estancia en el país, Calpurnia es cautelosa: “Casi no tuve problemas en Buenos Aires. Solo en dos tiendas no me atendieron, aunque no sé si fue por mi apariencia o porque simplemente eran malas vendedoras”.

El argumento central de su video pone de manifiesto que la Argentina actual es inseparable de las comunidades que ha discriminado. “¿Qué sería del tango sin el aporte negro? ¿Qué sería del mate sin sus raíces guaraníes? ¿Qué sería de la cumbia de los trapos sin el mestizaje marginal? ¿Qué sería del Diego, eterno cabecita negra?”

La construcción de la identidad argentina ha sido moldeada por contribuciones que la narrativa oficial ha intentado invisibilizar. La historiadora Magdalena Candioti, autora de una investigación sobre la esclavitud y su abolición en el país, refuerza este punto al señalar que hay muchos aspectos de esta historia que aún son desconocidos.

Pese a que Argentina recibió menos personas esclavizadas que Brasil o Estados Unidos, su influencia fue notable durante el virreinato y los primeros años de la República. “No hubo una esclavitud de plantación, pero la presencia fue central en hogares y espacios urbanos”, explica la historiadora. Los hombres afrodescendientes estaban sobrerrepresentados en los batallones que lucharon en las guerras de independencia, agravando la fragmentación familiar y reduciendo drásticamente la población afrodescendiente visible.

Decenas de años más tarde, resulta irónico que muchos argentinos pueden ser afrodescendientes sin ser conscientes de ello. Según el último censo, alrededor de 300.000 personas se identificaron como tal, aunque no todas tienen características fenotípicas claras. La mezcla racial y la invisibilización han coexistido durante generaciones.

La abolición formal de la esclavitud ocurrió en 1853, antes que en Brasil y Estados Unidos. Sin embargo, Candioti advierte que este dato no cierra el debate. “La visibilidad negra está relacionada con la segregación legal y con las dificultades para la manumisión”, argumenta, enfatizando que la discriminación no desapareció con la abolición, sino que cambió de forma.

Un aspecto incómodo de la historiadora se centra en la Constitución de 1853, que promovió la inmigración europea con el objetivo explícito de “civilizar” la nación. Este enfoque profundizó la marginalización de afrodescendientes y pueblos originarios, creando un modelo nacional que los excluyó intencionadamente.

La narrativa que Argentina ha construido sobre sí misma, como una sociedad abierta y plural, coexiste con procesos de exclusión que la historia oficial parece haber olvidado. Candioti lo ilustra con una imagen potente: “Personas cosificadas, comercializadas, vendidas como cosas”. Eso sucedió aquí y dejó marcas en la estructura social que no se borrarán con un decreto.

Calpurnia también incluye a España en su análisis, lo que añade un giro relevante a su video. “Yo no sé si España puede decir lo mismo. Al menos no mientras sigan exigiendo visa a los países que colonizaron”.

A continuación, se refiere a la celebridad española: “Ustedes se emocionan más con la procesión de una virgen que con la Copa Mundial”. Sin embargo, la afirmación sobre las visas perdura en el aire.

La comparación entre el racismo en Argentina y en otros países fue un recurso frecuente en el debate posterior al Mundial. Candioti advierte que tales comparaciones pueden resultar engañosas, no porque el racismo argentino sea necesariamente peor, sino porque compararlo para relativizar es una forma de evadir la pregunta.

“Sí, la Argentina discrimina, pero también abraza a sus morenos”, expresa Calpurnia en su video. Esta afirmación no absolve al país, sino que describe una contradicción que coincide con lo que Candioti documenta. Argentina forjó su identidad a partir de contribuciones que luego minimizó, abolió la esclavitud antes que sus vecinos y continuó discriminando de otras maneras, mientras que más de 300.000 afrodescendientes han sido registrados en el último censo, junto con una historia de periódicos negros que casi nadie conoce.

Para Calpurnia, hacer reír es una fuente de felicidad. Buenos Aires, con su oferta cultural disponible cada noche y un público que llena bares y pizzerías a pesar de la crisis, le brindó esa alegría durante un mes.

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