El incendio comenzó el 5 de enero en Puerto Patriada y se extendió por ambas orillas del lago Epuyén, arrasando casi por completo el cerro Pirque y devastando todas las comunidades rurales que habían quedado a salvo del desastre previo, un incendio en el verano de 2025 que destruyó más de 70 viviendas en La Rinconada. En total, cerca de 40 hogares y más de 30,000 hectáreas fueron consumidas, junto con innumerables daños colaterales. La extinción del fuego llevó un mes y medio, y la Secretaría de Bosques de Chubut necesitó casi tres meses para declarar oficialmente el área como libre de llamas.
Este desastre no solo desafió a las instituciones, sino que también unió a la comunidad de Epuyén y a localidades aledañas, que demostraron una notable capacidad para organizarse ante la emergencia. Al menos decenas de brigadas de vecinos se autoconvocaron, dedicándose a salvar casas y bosques mientras transportaban agua en camionetas.
Durante los seis meses posteriores, esta actitud proactiva se ha mantenido. Diversos proyectos comenzaron a enfocarse en la prevención y restauración del medio ambiente. Marcelina Villegas, gestora cultural y apicultora, junto a su vecina Regina Uribe, arquitecta, se comprometieron a establecer conexiones entre instituciones públicas y privadas con la comunidad.
Desde su consultora Entornos Posibles y en colaboración con la Asociación Antu Quillén, desarrollaron un Plan de Intervención Regenerativa, que tiene como objetivo crear equipos permanentes de restauración ambiental y prevención de incendios, además de realizar jornadas comunitarias cada 15 días. Técnicos y profesionales coordinan a los voluntarios, quienes recorren zonas de interfase de Epuyén, trasplantando especies nativas y erradicando pinos, una especie invasora que se expande rápidamente después de los incendios, desplazando al bosque nativo y agravando el riesgo de nuevos focos.
Cada barrio está siendo atendido según su grado de prioridad, identificando las áreas donde persisten pinares. A través de entrevistas con los vecinos, han elaborado un mapa de riesgo, organizado talleres comunitarios y levantado un inventario del equipamiento disponible. “Nos estamos preparando de forma participativa para el próximo verano. Logramos mapear todos los pinares de Epuyén, identificamos a sus propietarios y localizamos áreas de bosque nativo que deben ser protegidas. También definimos posibles ubicaciones para torres de detección de humo y reservorios de agua. Desde mayo, hemos llevado a cabo jornadas de intervención cada 15 días, con más de 120 voluntarios que participan bajo la coordinación de especialistas”, explicó Marcelina, madre de tres hijos.
El enfoque de Entornos Posibles se ha centrado en el Parque Municipal Puerto Bonito y la Reserva Intangible Cerro Pirque. “Los resultados de nuestro trabajo son evidentes, la comunidad está sorprendida. La realidad demuestra que no se trata de presupuesto, sino que entre 20 o 50 personas pueden lograr mucho en solo dos horas y media. La solidaridad y empatía de la gente aquí son notables”, añadió Marcelina.
En la Reserva Cerro Pirque, grupos de vecinos colaboran con el Centro Biguá en Conexión Simbionte, un proyecto de investigación e intervención biocultural asociado con Proyecto Visitantes. “Nuestra intención es intervenir desde un enfoque respetuoso que reconozca al ambiente como un sistema complejo, donde naturaleza y sociedad son parte de un todo”, sostuvo la bióloga Aldana Matellini, referente de la iniciativa.
El proyecto también atiende el impacto emocional de los incendios. “Ver cómo la naturaleza se empieza a recuperar, con las primeras semillas que brotan y las especies que regeneran, ayuda a procesar la angustia y encontrar esperanza. Comprender que no todo depende de nosotros, sino de la capacidad de regeneración del ambiente, es fundamental en este proceso”, añadió Aldana. Además, ella y otros miembros del Centro Biguá promueven instancias de aprendizaje socioambiental, organizando encuentros y actividades al aire libre vinculadas con la restauración de áreas afectadas por el fuego.
Como complemento, muchos vecinos se han capacitado este año como Restauradores Forestales, gracias a un curso de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), que ya se encuentra en su segunda edición, con todos los cupos completos.
Otra organización que surgió tras el incendio de enero de 2025 es Reconstruyendo Epuyén. “Después del incendio, el Estado entregó $20 millones en materiales para las familias que perdieron totalmente su vivienda, aunque ese dinero no contemplaba la mano de obra. Por eso, los vecinos decidieron ayudarse mutuamente en la reconstrucción de sus hogares. También se estableció una cocina solidaria para asistir a las familias damnificadas y a los voluntarios que participaban en las mingas, una tradición comunitaria de trabajo colectivo”, relató Estefanía Lentini, ingeniera ambiental que participó en el relevamiento de los afectados.
En la actualidad, alrededor de 40 personas forman parte de Reconstruyendo Epuyén. Desde su surgimiento, han colaborado en la limpieza de terrenos, construcción de galpones y leñeros, y la reconstrucción de viviendas para 18 familias que sufrieron los efectos del incendio de 2025 y otras 19 perjudicadas por el fuego de este verano.
Otra de las iniciativas que emergió después del incendio es Fénix Patagonia, liderada por Gogo Castro Cisneros y Alejandra Malosetti, creadores de la Fundación Península Raulí. La familia, que posee un terreno en arroyo Las Minas arrasado por las llamas recientemente, ha aprovechado su experiencia en el Vivero Raulí, pionero en la producción de especies nativas, para lanzar un programa que busca integrar conocimiento científico, técnico y territorial en la recuperación de ecosistemas patagónicos afectados por el fuego.
En las 83 hectáreas de la chacra devastada por el incendio se ha establecido la Estación Experimental Epuyén. Allí, un equipo interdisciplinario ha realizado un diagnóstico sobre la severidad del fuego utilizando imágenes satelitales, drones y trabajo de campo, convocando a especialistas en microbiología, botánica, ecología y otras disciplinas. “Buscamos validar protocolos y desarrollar metodologías de restauración ecológica que puedan aplicarse en otros territorios degradados de la región”, explicó Gogo, quien espera concluir un anteproyecto en las próximas semanas y comenzar a buscar financiamiento para su implementación.
Silvio Antequera, responsable de Prevención de Incendios Forestales del Servicio Provincial de Manejo del Fuego, señaló que la Secretaría de Bosques de Chubut está impulsando un Plan Integral de Prevención, Mitigación y Restauración basado en tres ejes: la reducción de riesgos a través de capacitaciones y trabajo comunitario; la intervención territorial con acciones de manejo de combustibles y restauración ecológica; y el fortalecimiento institucional mediante capacitación del personal y colaboración entre organismos.
Entre las iniciativas que se están llevando a cabo, mencionó el Proyecto de Pago por Resultados de REDD+ en Argentina, financiado con US$82 millones del Fondo Verde para el Clima, ejecutado con la FAO para acciones asociadas a la prevención de incendios y manejo de bosques. Además, destacó la colaboración con el vivero forestal Lemu para producir especies nativas para la restauración de áreas dañadas por el fuego. “Desde Bosques buscamos estrategias para afrontar los cambios ambientales, sociales y económicos que estamos observando. Ojalá esta experiencia sirva para consolidar espacios de colaboración y organización que impulsen las acciones necesarias para el territorio”, señaló. Asimismo, el gobierno de Chubut recientemente entregó 10 viviendas a familias afectadas por el incendio de este verano y está proyectando la construcción de otras 60.
Rocío Mío llegó a Epuyén hace una década, y junto a su compañero Mariano, fundó Bosque Gracias, un proyecto cultural que une arte, naturaleza y tecnología. El incendio de enero destruyó cinco casas en su chacra. Tras el fuego, el gobierno provincial construyó dos viviendas, una para una pareja amiga y otra para la madre de Rocío. Sin embargo, la semana pasada un desperfecto en una estufa a leña causó otro incendio que dejó a esa familia nuevamente en la perdición.
“Debo enfocarme en lo positivo, porque lo que nos ha sucedido es negativo”, afirmó Rocío, quien valora las lecciones aprendidas en estos meses difíciles: “Año tras año, hemos ido acumulando experiencias y, en esta última emergencia, esos eslabones se unieron para formar una red comunitaria más sólida. Los voluntarios que participan en la reconstrucción de viviendas también se involucran en talleres de restauración forestal y han aprendido a usar motosierras para retirar pinos. La verdad es que perder tu hogar plantea una cuestión vital. Después de eso, todos tus hábitos deben reconstruirse: ¿quién serás después?”.








