El diagnóstico forma parte del informe sobre las perspectivas económicas del Hemisferio Occidental, presentado por Nigel Chalk, director del departamento del FMI encargado de la región, durante una exposición realizada en Bangkok, Tailandia.
Dentro de ese escenario, Argentina ocupa un lugar destacado por el programa de consolidación fiscal y las reformas estructurales que lleva adelante. Según las estimaciones del organismo, la economía argentina crecerá un 2,1% en 2026, por debajo de lo previsto inicialmente, pero acelerará su expansión al 3,5% en 2027. La recuperación estaría impulsada por la desaceleración de la inflación, una mejora gradual de la demanda privada y la continuidad de los cambios económicos.
El Fondo también destacó las medidas destinadas a reducir los subsidios energéticos y fortalecer la sostenibilidad de las cuentas públicas. En ese sentido, ubicó a Argentina junto con Ecuador y Bolivia entre los países que avanzaron en decisiones consideradas difíciles, pero relevantes para mejorar su posición fiscal de largo plazo.
Sin embargo, el organismo advirtió que la economía argentina continúa expuesta a riesgos importantes. La persistencia de precios internacionales elevados de la energía podría generar nuevas presiones inflacionarias y afectar la recuperación del poder adquisitivo. A su vez, un aumento adicional de las tasas de interés en Estados Unidos o un deterioro de las condiciones financieras internacionales podría encarecer el financiamiento para los países con mayores necesidades de deuda y refinanciación.
En su evaluación regional, Chalk sostuvo que las economías del hemisferio occidental lograron adaptarse a un escenario global complejo y volátil, manteniendo un crecimiento relativamente estable. Entre los factores favorables mencionó la mejora de los términos de intercambio, las condiciones financieras, la demanda estadounidense, los ingresos por turismo y remesas, y la distancia geográfica respecto de los principales conflictos internacionales.
No obstante, advirtió que el desafío consiste en transformar esas condiciones favorables en mejoras económicas duraderas. Según las proyecciones del FMI, el continente americano crecerá alrededor del 2,25% tanto en 2026 como en 2027. En América del Sur, la expansión prevista será del 2,1% este año y del 2,4% el próximo.
Estados Unidos continúa siendo uno de los principales motores de la actividad regional. El consumo de los hogares, sostenido por un mercado laboral sólido y el aumento de la riqueza financiera asociado al desempeño bursátil, impulsa el crecimiento. También contribuye la inversión vinculada con la tecnología y la inteligencia artificial, que favorece la productividad y genera efectos positivos sobre sus socios comerciales. México, en particular, se beneficia de la mayor demanda estadounidense de productos electrónicos.
En América del Sur, los países exportadores de energía, minerales y productos agropecuarios encuentran oportunidades en los precios internacionales y la demanda de materias primas. El Caribe, por su parte, continúa beneficiándose del turismo, mientras que América Central mantiene una actividad dinámica gracias al ingreso de remesas y al consumo interno.
El informe también señala que los mercados financieros siguen mostrando interés por los activos latinoamericanos. La emisión internacional de deuda soberana y corporativa se mantiene cerca de máximos históricos, mientras que los diferenciales de riesgo permanecen contenidos. Esta situación refleja, en parte, el atractivo de la región y su menor exposición directa a algunos conflictos geopolíticos.
Pese a estas condiciones, el FMI identifica dos obstáculos estructurales para el crecimiento: los elevados niveles de deuda pública y la baja productividad. Mientras Estados Unidos acelera su desarrollo tecnológico, gran parte de América Latina continúa mostrando niveles reducidos de innovación, inversión, digitalización y generación de empleo formal. Como consecuencia, la brecha de ingresos por habitante respecto de las economías desarrolladas sigue siendo un desafío central.
A estos problemas se suma el envejecimiento de la población, que reducirá progresivamente el crecimiento de la fuerza laboral. Por ese motivo, el organismo considera que las mejoras de productividad y la inversión interna serán cada vez más importantes para sostener el crecimiento y elevar los niveles de vida.
La incertidumbre comercial internacional representa otro riesgo. Una intensificación de las tensiones comerciales o una desaceleración del ciclo tecnológico podría afectar los flujos de inversión y la demanda global. Además, el FMI advierte sobre los posibles efectos de un fenómeno de El Niño de mayor intensidad, que podría perjudicar la producción agropecuaria y generar nuevas presiones sobre los precios de los alimentos.
Aun así, la región dispone de oportunidades vinculadas con la transición energética, la inteligencia artificial, la demanda de minerales críticos y la reorganización de las cadenas globales de suministro. América Latina comenzó a captar mayores inversiones extranjeras, especialmente en minería, energía y manufactura, favorecida por sus recursos naturales y su posición geopolítica.
Para aprovechar ese potencial, el FMI recomienda profundizar las reformas estructurales, mejorar el clima de negocios, fortalecer la seguridad jurídica, reducir las trabas regulatorias e invertir en infraestructura física y digital. También considera necesario elevar la calidad educativa, fomentar la innovación y avanzar hacia una mayor integración comercial.
El diagnóstico del organismo combina así una perspectiva de recuperación para Argentina en 2027 con una advertencia más amplia: las condiciones externas favorables pueden impulsar la actividad, pero el crecimiento sostenido de la región dependerá de su capacidad para aumentar la productividad, atraer inversiones y generar empleos de mayor calidad.









