Los analistas se están preguntando hasta dónde pueden aumentar los títulos locales ante una posible compresión hacia sus comparables. Este jueves, los bonos globales argentinos continúan con tendencia a la baja, y las pérdidas se acentúan a medida que se extiende la duración de la curva.
El Global 2029 ha registrado una caída del 0,18%, mientras que el Global 2030 (GD30) muestra una pérdida del 0,27%. En los títulos de mayor duración, las caídas alcanzan hasta el 0,65% en el GD41, seguido por el GD46 (-0,52%), el GD38 (-0,49%) y el GD35 (-0,45%). A pesar de un leve rebote en días recientes, la presión vendedora se manifiesta en los resultados de la última semana, donde los bonos globales han retrocedido entre un 0,51% y un 2,57%. En el último mes, las pérdidas acumulan hasta un 8,94% en el GD38.
Paralelamente, las tasas internas de retorno (TIR) se mantienen por encima del 10% en gran parte de la curva, con picos de 11,50% para el GD41, 11,42% para el GD38 y 11,44% para el GD35. La presión sobre los bonos soberanos ha llevado al riesgo país a ubicarse alrededor de los 610 puntos, tras haber alcanzado un máximo de 635 puntos, el nivel más alto desde abril y mayo.
Este deterioro de la deuda argentina se desarrolla en un entorno internacional menos propicio para la renta fija, caracterizado por una caída en los precios de los bonos y un aumento correspondiente en los rendimientos que exigen los inversores. En Estados Unidos, las tasas de los Treasuries han experimentado un incremento significativo después de que la Reserva Federal decidiera elevar la tasa de referencia en 25 puntos básicos a mediados del mes.
La situación se complica aún más por las inquietudes en cuanto a la fiscalidad estadounidense. Este contexto eleva la percepción de riesgo asociada a la deuda del país del norte, lo que lleva a los inversores a exigir rendimientos más altos para mantener sus posiciones en bonos del Tesoro. A la presión externa se suma el componente local, donde la incertidumbre entorno al escenario electoral toma un rol protagónico.
Con el avance del calendario electoral, los inversores asumen una postura más cautelosa respecto a la política económica y a la posibilidad de que las actuales medidas se mantengan a mediano plazo. En este contexto, se están vigilando atentamente las indicaciones sobre la continuidad del programa económico, la trayectoria fiscal, el régimen cambiario y la estrategia de financiamiento del Gobierno, componentes esenciales para evaluar la capacidad de pago y el riesgo vinculado a los activos argentinos.
Desde Max Capital, se ha señalado que las tasas forward aportan indicios sobre los riesgos electorales, que han saltado al 16% en 2028. “Ese aumento indica que el riesgo electoral está influyendo en la presión reciente. Estas tasas están afectadas por los Bonar28, que cotizan a precios especialmente bajos, pero incluso considerando esto, reflejan un aumento en las probabilidades implícitas de default para 2028, justo después de las elecciones. Este ajuste se debe, en gran medida, a una expectativa real de riesgo crediticio impulsada por encuestas recientes. Sin embargo, como suele suceder, es complicado discernir entre ambos factores,” mencionaron.
Así, el mercado enfrenta dos fuentes de presión sobre la deuda argentina: el alza en los rendimientos de los Treasuries, que incrementa la tasa de referencia global, y la incertidumbre interna ligada al ámbito electoral y a la continuidad del programa económico.
Research Mariva también ha observado que el mercado está comenzando a incorporar riesgos electorales en la curva. “No dejamos de monitorear la tasa implícita forward entre el bono AO27 (vencimiento en octubre de 2027) y el AO28 (vencimiento en octubre de 2028) como indicador de la prima de riesgo político por el periodo posterior a 2027. Esa tasa aumentó considerablemente en agosto, pasando de alrededor del 12% al 15%, aunque desde entonces se ha estabilizado a esos niveles,” advirtieron.
Jerónimo Bardin, responsable de Ventas de Balanz, comentó que diversos factores locales y externos han dificultado el desempeño de los activos locales. “Septiembre estuvo marcado por dos presiones simultáneas: un contexto internacional más desafiante y señales de incertidumbre política y económica local. El precio del petróleo se mantuvo por encima de los 100 dólares por barril casi todo el mes, y la subida de tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos generó un menor apetito por riesgo, afectando a activos emergentes. En Argentina, los datos sobre la actividad y la confianza en el Gobierno profundizaron la corrección,” afirmó.
La curva de bonos globales argentinos presenta actualmente rendimientos elevados, especialmente en los vencimientos más largos. El GD29 muestra una TIR del 9,5%, mientras que el GD30 rinde un 10,25%. En el tramo medio de la curva, los rendimientos superan claramente el 11%: el GD35 alcanza 11,44%, el GD38 11,42% y el GD41 11,50%, este último siendo el más alto. El GD46, por su parte, rinde un 11,09%.
En términos de la curva, los rendimientos de financiamiento de Argentina han vuelto a aumentar con fuerza en las últimas semanas, especialmente en los bonos de mayor duration. Los rendimientos del tramo largo, que durante gran parte de julio se encontraban por debajo del 9%, ahora rondan el 11%, lo que refleja el incremento de la prima de riesgo que los inversores exigen.
Por ende, Argentina tiene actualmente una curva soberana en dólares con TIR casi del 10% en el tramo corto y superior al 11% en buena parte del tramo largo, niveles que evidencian el reciente deterioro de los precios de los bonos y el incremento del riesgo señalado por el mercado.
La existencia de una curva de bonos soberanos con tasas más altas podría brindar una oportunidad a los inversores que anticipen una futura compresión de tasas.
Con la caída de la deuda, Argentina opera con tasas superior a sus comparables, lo que proporciona margen para una posible compresión mayor si el contexto político lo favorece.
Los bonos soberanos de países comparables como Baréin, Kenia, Egipto, El Salvador, Nigeria y Angola poseen rendimientos generalmente entre el 7% y el 10%, dependiendo del plazo. Ecuador, por su lado, se mueve entre 8% y 10%.
Así, la curva argentina se encuentra por encima de las curvas de sus comparables en prácticamente todos los plazos. La discrepancia es especialmente notable, ya que Argentina exige rendimientos de entre 11% y 12%, mientras que varios comparables financian sus deudas en niveles de entre 8% y 10%.
Bajo estas expectativas, el tramo largo de la curva presenta el mayor potencial de apreciación, dado su mayor duración y sensibilidad a los movimientos de los rendimientos.
Si las TIR convergen hacia el 8%, el AE38 podría alcanzar una ganancia de capital de 25,6%, el AL35 un 27,2% y el AL41 un 28,7%. En un contexto de mayor compresión, con tasas alrededor del 7%, las ganancias potenciales se incrementarían a 31,3% para el AE38, 33,9% para el AL35 y 36,3% para el AL41.
El potencial de apreciación es considerablemente menor en los bonos de corto plazo. Según estimaciones de GMA Capital, con una TIR de 7%, el AL30 tendría una ganancia de capital estimada de 9,2%, mientras que el AL29 llegaría a 7,8%. El AO28, por su parte, presentaría un potencial de 12%.
De este modo, una eventual reducción de las tasas exigidas por el mercado tendría un impacto más relevante en los bonos de mayor duración. El AL41 se destaca como el título más sensible del análisis, con una ganancia potencial de hasta 36,3% si su TIR desciende hasta el 7%.
Según cálculos de GMA Capital, una convergencia de las TIR al 8% implicaría ganancias de capital de 4,5% en el GD30, 15,8% en el GD38, 18,4% en el GD35, 18,8% en el GD41 y 18,7% en el GD46. El GD29, por su menor duración, tendría un potencial más restringido, de solo 1,8%.
En un escenario de mayor compresión, con tasas cercanas al 7%, el potencial de ganancia se amplía significativamente para los bonos largos. En ese caso, el GD38 podría generar una ganancia del 21,1%; el GD35 del 24,7%; el GD41 del 25,9%; y el GD46 del 26,6%. En contraposición, el GD29 y el GD30 presentarían subidas potenciales de únicamente 3,2% y 6,4%, respectivamente.
Así, como ocurre con los Bonar, el mayor potencial se concentra en el tramo largo de la curva. Una compresión de tasas hacia el 7% podría conllevar ganancias superiores al 20% en cuatro de los seis Globales analizados, con el GD46 mostrando el máximo potencial de 26,6%, seguido por el GD41 con 25,9% y el GD35 con 24,7%.
Lisandro Meroi, analista de investigación de TSA Bursátil, comentó que el hecho de que los Globales hayan retrocedido con fuerza durante septiembre invita a replantear el posicionamiento en estos activos. “Habiendo pasado por momentos en que los bonos cotizaban casi igual a sus comparables calificados como “B-“, hoy la diferencia es notoria, impulsada por un entorno global desafiante y factores idiosincráticos. La posibilidad de converger hacia rendimientos de deuda similares es lo que presenta hoy un atractivo potencial de revalorización, de entre +17% y +21% para los bonos que vencen después de 2035,” detalló.
Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, advierte que las tasas más altas seguirán presionando también a los Globales, incluso con otro mes de superávit fiscal. “El aumento del Riesgo País a la zona de 570 puntos refleja un grado de riesgo idiosincrático percibido por el mercado ante la disminución en el ritmo de compras en el mercado único y libre de cambios (MULC) en las últimas semanas, aun con más de 14.300 millones de dólares comprados en el año. A esto se suma, al menos en parte, la incertidumbre respecto al año electoral de 2027,” explicó.
En este contexto, en lo que respecta a inversiones, Franco sugiere bonos de mediano y largo plazo. “Preferimos el GD35 y el GD41 ante escenarios de compresión respecto a los comparables. Sin embargo, es necesario señalar que en un escenario pesimista, estos papeles podrían sentir la presión, especialmente si el entorno de tasas internacionales continúa complicado y el calendario electoral de 2027 genera volatilidad,” concluyó.
Por último, Emilio Botto, jefe de estrategia e inversiones de Mills Capital, sostiene que con la curva de bonos argentinos en dólares ofreciendo, en muchos casos, rendimientos por encima del 11,5% en Nueva York y los Bonar entre el 13% y 14% frente al dólar Cable, los niveles ya resultan atractivos. Sin embargo, subrayó la importancia de distinguir entre el inversor que ya está posicionado y aquel que busca adquirir más bonos.
“Esta baja es para el inversor que ya estaba comprado y estaba esperando un punto de entrada más favorable en comparación con los precios alcanzados cuando el riesgo país se situaba en 402 puntos básicos. Es decir, está dirigido a un inversor que considera una alta probabilidad de continuidad de la actual administración y por lo tanto proyecta una fuerte compresión de la curva dura en caso de reelección del actual presidente,” indicó Botto.









