En la región se sembraron 2,55 millones de hectáreas, de las cuales 1,51 millones correspondieron a trigo, un 8% menos que en la campaña previa. En el caso de la cebada, el área implantada alcanzó 1,04 millones de hectáreas, con una reducción del 4%.
El relevamiento de la zona señaló que la campaña comenzó con buenas expectativas debido a una adecuada disponibilidad de agua en los suelos. Sin embargo, el exceso de humedad, las lluvias continuas y la falta de condiciones apropiadas dificultaron el avance de las tareas en buena parte de la región.
A esto se sumó el retraso en la cosecha de cultivos estivales como maíz, soja y girasol, que demoró la disponibilidad de lotes para la implantación de trigo y cebada.
El escenario económico también incidió sobre las decisiones de los productores. Los márgenes ajustados llevaron a priorizar los lotes con mayor potencial productivo y, especialmente en el caso del trigo, a reducir la superficie prevista inicialmente. Parte de los lotes que estaban destinados a estos cereales fueron finalmente reprogramados para cultivos de granos gruesos.
A nivel nacional, la siembra de trigo también registra demoras debido a los excesos de agua. Durante la última semana, el avance fue de apenas 0,5 puntos porcentuales y alcanzó el 99% de las 6,5 millones de hectáreas previstas para el cereal, una superficie 3% inferior a la del año anterior.
Las labores podrían extenderse durante agosto, aunque el estado de algunos lotes complica la implantación de variedades de ciclo corto.
En el centro-oeste y norte del área agrícola, en cambio, las condiciones hídricas son favorables y permiten avanzar con las tareas de refertilización y aplicación de fungicidas ante algunos focos de roya.
Desde el punto de vista fenológico, el 44,2% del área sembrada se encuentra en etapa de macollaje o en estadios más avanzados. Los lotes con mayor desarrollo se concentran en el norte del área agrícola, donde el 97% del cultivo presenta condiciones entre normales y excelentes.









