El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció que cualquier empresa podrá acceder a créditos en dólares. Hasta ahora, este tipo de financiamiento estaba reservado principalmente para exportadores, sus proveedores directos y compañías que contaran con determinadas garantías. La modificación amplía el universo de posibles tomadores, aunque mantiene restricciones para reducir el riesgo asociado a empresas que generan sus ingresos principalmente en pesos.
Las compañías que no sean exportadoras, no cuenten con garantías ni sean proveedoras directas tendrán una exposición crediticia 25% mayor que aquellas que sí cumplen con esos requisitos. También deberán afrontar mayores exigencias de capital por parte de los bancos. A su vez, las entidades financieras podrán destinar hasta el 15% de sus créditos en dólares a estos nuevos clientes sin garantías.
El principal cuestionamiento entre los industriales está relacionado con el riesgo de asumir una deuda en dólares cuando los ingresos de la empresa están expresados mayormente en pesos. Una eventual devaluación podría aumentar de manera significativa el peso de esos compromisos y complicar aún más las cuentas de compañías que ya enfrentan dificultades para sostener sus niveles de actividad.
Por ese motivo, desde distintas ramas de la industria consideran que la medida puede ampliar las opciones de financiamiento, pero no resuelve por sí misma los problemas que afectan a la producción. Entre las principales dificultades mencionadas aparecen la caída de las ventas, el incremento de los costos y una mayor competencia de productos importados.
En el sector de electrodomésticos, por ejemplo, una empresa que llegó a tener 800 empleados actualmente cuenta con unos 500, luego de una reducción de personal. Su nivel de ventas cayó alrededor de 30% y el escenario es representativo de las dificultades que atraviesan distintas compañías industriales.
Los empresarios también advierten que la estructura productiva se modificó frente al avance de las importaciones, con una mayor incorporación de componentes provenientes del exterior y una menor producción local. A esto se suma una reducción del mercado para los productos fabricados en el país como consecuencia de la caída del consumo.
La situación del sector textil presenta un panorama similar. Según datos mencionados por empresarios de la actividad, seis de cada diez máquinas se encuentran inactivas y desde diciembre de 2023 se perdieron 942 empresas y 26.000 puestos de trabajo registrados.
En una empresa textil que a fines de 2023 empleaba a 40 personas, actualmente quedan seis trabajadores. La rentabilidad también habría registrado una caída del 50% desde ese momento, en un contexto marcado por la reducción de las ventas y las dificultades para sostener las estructuras productivas.
A diferencia de otros sectores, la industria textil utiliza en menor medida el financiamiento bancario y se sostiene en buena parte mediante su propia cadena de pagos. Según empresarios de la actividad, esa modalidad también se encuentra afectada por el deterioro de las condiciones del mercado.
En el sector de envases plásticos también cuestionan que el acceso a nuevos créditos pueda resolver la situación actual. Una empresa de esa actividad trabaja actualmente al 60% de su capacidad, cuando anteriormente operaba entre el 80% y el 90%. El consumo continúa deprimido y la posibilidad de trasladar los mayores costos a los precios está limitada por la caída de las ventas.
Las tasas de financiamiento aparecen como otro de los obstáculos para las empresas. En una operación mencionada por un empresario, el Costo Financiero Total (CFT) alcanzó el 418% para una financiación en dos cuotas, una situación que dificulta el acceso al crédito para compañías que ya enfrentan una reducción de sus márgenes.
El Gobierno sostiene que una mayor disponibilidad de financiamiento en dólares podría contribuir a reducir las tasas de los créditos en pesos. Sin embargo, desde la industria advierten que la prioridad pasa por recuperar el consumo y mejorar las condiciones de producción antes de asumir nuevos compromisos financieros.
En este contexto, la flexibilización del crédito en dólares abre una nueva alternativa para las empresas, pero encuentra a buena parte del sector industrial en un escenario de menor actividad, caída de ventas, reducción de personal y presión creciente de las importaciones. Para los empresarios, el acceso al financiamiento puede ser una herramienta, aunque no reemplaza la necesidad de recuperar el nivel de producción y consumo.









