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La relación de los adolescentes con la información en la era digital

24 agosto, 2026
in Sociedad
La relación de los adolescentes con la información en la era digital
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¿Cómo acceden los adolescentes a las noticias? Durante las cenas, pueden escuchar informativos a través de sus padres o sintonizar radio mientras van a la escuela. Sin embargo, surge la pregunta: ¿desarrollan un interés genuino por las opiniones de los periodistas? ¿Buscan informarse sobre la sociedad, la política y la economía a través de las redes sociales? ¿Y cuáles son sus prioridades?

La viralización de contenidos y la saturación de información que consumen a diario, ¿facilitan su acceso a la información o lo complican? ¿Son confiables los creadores de contenido? ¿Es más relevante un tema que se vuelve tendencia en las redes o una conversación en un grupo de WhatsApp? Según los expertos, no existe una respuesta definitiva. El universo juvenil es complejo y, aunque se pueden identificar patrones, también hay contradicciones.

Es indiscutible que las noticias coexisten con el entretenimiento, el sentido de pertenencia y la conversación. En este contexto, los jóvenes se encuentran con la actualidad y aprenden a interpretarla.

Este punto de vista se destaca en una encuesta realizada por UNICEF y UNESCO, que involucró a 5.910 niños y adolescentes de entre 9 y 17 años en 291 escuelas urbanas. Los resultados son representativos en términos de edad, género y nivel socioeconómico.

El estudio arroja que el 96% de los encuestados tiene acceso a Internet en sus hogares, el 95% posee un teléfono celular propio, y el primer celular con acceso a Internet se recibe, en promedio, a los 9,6 años. Además, el 90% utiliza redes sociales, siendo TikTok, YouTube e Instagram las más populares.

Richard Fletcher, director de Investigación del Reuters Institute for the Study of Journalism, analiza un cambio en las audiencias juveniles, de un enfoque “online-first” a uno “social-first”. En 2015, la principal manera de acceder a noticias era mediante sitios web o aplicaciones de medios; hoy, las redes sociales son el canal preferido.

Este primer acercamiento ya no requiere pasar por las portadas de los medios ni la selección editorial tradicional. Las noticias pueden llegar en forma de videos recomendados, fragmentos de transmisiones en vivo o explicaciones brindadas por creadores de contenido. Con la variabilidad de los feeds, Fletcher advierte que esto podría dificultar la existencia de una agenda informativa común.

Además, propone cautela: los datos analizados son principalmente de jóvenes de 18 a 24 años, y no es apropiado extrapolarlos a menores de 16. Para los medios, este cambio implica una responsabilidad doble: estar presentes en los espacios donde los jóvenes se encuentran y no depender completamente de estas plataformas.

Mora Matassi, directora de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de San Andrés, define este comportamiento como “consumo incidental” de noticias, un acceso a la actualidad vinculado a actividades primarias, como interactuar en redes sociales.

En este entorno, la noticia pierde el estatus que tenía en medios tradicionales, mezclándose con publicaciones de amigos, fotos familiares y memes, lo que la convierte en un contenido “desjerarquizado y descontextualizado”.

Eugenia Mitchelstein, profesora asociada de la misma universidad, señala que los adolescentes consumen contenidos de medios tradicionales, aunque frecuentemente fuera de sus plataformas originales. Un joven podría ver un clip de un noticiero en Instagram, lo que implica que la decisión de informarse existe antes de que llegue la noticia.

Este fenómeno no se limita a los adolescentes. Mitchelstein destaca un cambio más amplio: informarse ya no requiere un tiempo y espacio específico; el consumo de noticias se distribuye a lo largo del día. En los jóvenes, Instagram, YouTube y TikTok son las plataformas predominantes. Además, en WhatsApp, la importancia recae en quién comparte el contenido y los comentarios que lo acompañan, mientras que los memes ayudan a procesar información negativa o angustiante.

Sin embargo, utilizar aplicaciones con destreza no garantiza una adecuada evaluación de su contenido. La encuesta “Kids Online Argentina 2025” revela que un 62% de los jóvenes se sienten capaces de identificar información correcta y un 60% cree poder distinguir la confiabilidad de fuentes. No obstante, un 59% piensa que el primer resultado de un buscador siempre es el más adecuado.

Cora Steinberg, especialista en Educación de UNICEF Argentina, interpreta esto como una señal de alerta: aunque los jóvenes han crecido navegando en línea, no necesariamente comprenden cómo se organiza o selecciona la información que reciben.

La alfabetización digital crítica se propone en el ámbito escolar y en el hogar para mostrar que los resultados no son neutrales, que las fuentes tienen agendas e intereses, y que la popularidad no debe confundirse con confiabilidad. Con la creciente presencia de la inteligencia artificial, el uso responsable de herramientas como ChatGPT debe ir acompañado de una comprensión clara de sus límites y sesgos.

Los algoritmos afectan lo que se ve y lo que se repite, y, si los adolescentes solo obtienen información sobre temas que ya les interesan, muchos aspectos de la vida pública pueden quedar excluidos. Temas como pobreza, desempleo, inflación y discriminación pueden no aparecer en su radar si no han formado parte de sus intereses previos. Para la investigadora Roxana Morduchowicz, esto plantea un reto para la democracia, que depende de ciudadanos informados a partir de un panorama amplio.

Francisco Javier Albarello, doctor en Comunicación Social, enfatiza que su proyecto “Investigar en Red” estudia hábitos informativos en estudiantes de Comunicación de universidades latinoamericanas. Si bien este grupo no representa a todos los adolescentes, ofrece una visión interesante: incluso entre aquellos que eligen carreras relacionadas con la comunicación, el acceso a la actualidad está marcado por plataformas y recomendaciones personalizadas. Muchos se consideran “medianamente informados”, siguiendo solo aquellos temas que les interesan, lo que Albarello define como “comodidad algorítmica”.

Algunos intentan “romper la burbuja” seleccionando conscientemente los perfiles que siguen. Matassi argumenta que comprender los mecanismos detrás de la viralidad de contenidos es vital para no ver las redes como un simple “lavado de cabeza”. Aunque los feeds pueden limitar la variedad de temas, también pueden ofrecer contenidos más diversos de lo que se interpreta comúnmente.

Mitchelstein advierte que los jóvenes también muestran desconfianza hacia los medios y las instituciones, a veces incluso más que los adultos, lo cual podría reflejar percepciones de sesgo o fallas en estas entidades. Sin embargo, no considera este distanciamiento como una amenaza a la democracia, sino que sugiere que los adolescentes informan de distintas maneras, participando en una democracia activa.

El trabajo de Florence Namasinga Selnes de la Oslo Metropolitan University, que estudia el impacto de la desinformación, resalta que no todos los jóvenes se desinteresan por la actualidad: muchos se comprometen a verificar información, contrastar datos y debatir tanto con amigos como con sus padres. Esto indica que la desinformación no genera una respuesta única; el contexto y las herramientas disponibles influyen en cómo se aborda.

El informe de UNICEF y UNESCO apunta a que las habilidades digitales varían significativamente. Aunque el 56% de los niños de 9 a 11 años asegura saber identificar información falsa, esa cifra asciende al 79% entre los de 15 a 17 años. También hay disparidades según el contexto socioeconómico, ya que el 75% de los chicos de sectores más altos utilizan inteligencia artificial, frente al 42% de aquellos en situaciones de bajos ingresos.

Steinberg concluye que la brecha actual se relaciona con las oportunidades para desarrollar pensamiento crítico y aprovechar las tecnologías de forma segura. La mediación de adultos, que pueden dialogar y orientar, es esencial, alejándose de una relación que se base solo en el control.

El 76% de los jóvenes indica que los adultos a su alrededor les aconsejan sobre un uso seguro de Internet, mientras que el 65% menciona que reciben orientaciones sobre qué sitios son confiables. Sin embargo, solo el 48% conversa sobre qué hacer si algo les incomoda en línea. Las investigaciones muestran que una mediación parental activa puede reducir la exposición a riesgos digitales.

Desde Chicos.net, se promueven enfoques de orientación en lugar de control estricto. La organización busca que los jóvenes adquieran criterios propios sobre lo que consumen, interesándose por sus interacciones y comprendiendo cómo funcionan las plataformas. La conversación debe incluir cómo los algoritmos determinan qué tipo de contenido ven y recordar que la popularidad no es sinónimo de veracidad.

Con talleres como las “Jornadas Familiares”, se busca que padres e hijos dialoguen sobre la vida digital, ya que a menudo los jóvenes sienten que los adultos no comprenden su experiencia online. Para ellos, las plataformas digitales son parte integral de su sociabilidad y no pueden considerarse por separado de su vida diaria.

Recientemente, UNICEF publicó un análisis que resalta la necesidad de pasar de una estrategia reactiva, centrada en el control, a una proactiva que fomente capacidades y promueva el diálogo entre generaciones.

Uno de sus artículos enfatiza la importancia de una alfabetización mediática como elemento esencial en la educación actual. Se sugiere sembrar preguntas críticas ante cualquier información que llegue al hogar: quién es el autor, cuál es su intención, qué fuentes lo respaldan y si los datos son verificables.

Los adolescentes transitan un espacio donde la actualidad y la construcción de relaciones se entrelazan. Acompañarlos en esta experiencia requiere convertir el consumo incidental en un ejercicio consciente de ciudadanía.

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