El grito de “Milito hay uno solo”, que resonaba cada vez que el exdelantero jugaba en el estadio de Racing, ha sido reemplazado por cánticos despectivos, como el reciente “Milito hijo de p…”, pronunciado en un contexto de desazón tras la derrota frente a Tigre en Avellaneda. “He escuchado el descontento de algunos hinchas, eso no me es indiferente. Estamos atravesando un momento complicado, pero quiero que sepan que los escuchamos”, manifestó el presidente durante la apertura de una asamblea, donde se lo notó incómodo por la tensión existente.
En un Racing que ha perdido la confianza que antes parecía tener para enfrentar adversidades, allegados al presidente aseguran que su lucha interna es intensa. “Diego no suele mostrar sus emociones, pero está constantemente preocupado por el club. Desde la mañana hasta la noche, se dedica a cada uno de los asuntos que afectan a Racing. Es muy injusto el trato que está recibiendo”, relataron fuentes cercanas al excapitán en conversaciones con diversos medios de comunicación.
El estilo de liderazgo de Milito es uno de los puntos de debate en la vida política actual de Racing. Durante su discurso de apertura en un encuentro que prometía tensiones, reconoció que la institución enfrenta “un momento difícil”, en referencia a la frustración de los hinchas por la baja calidad del desempeño del equipo.
Una de las declaraciones más significativas de Milito fue su intento de unir a los hinchas bajo su mando: “Soy el presidente de todos, tanto de los que me votaron como de los que no”. A medida que avanzaba su discurso, se percibió una creciente vacilación en su postura, como si estuviera lidiando con una mezcla de pensamientos y emociones. Tras finalizar su intervención, asumió un rol secundario en el resto de la asamblea.
“Milito no estaba cómodo”, coincidieron analizadores de la situación política de la institución. Este sentimiento se profundizó tras la ruptura con su antecesor, Víctor Blanco, y su renuncia a la dirección deportiva, donde exigió que las inversiones no fueran vistas como un gasto.
Durante la asamblea, uno de los socios del bloque minoritario planteó una pregunta que generó un murmullo entre los presentes: “¿Por qué le renovó el contrato por tres años a Gustavo Costas y luego lo despidió a los seis meses?”. La pertinencia de la pregunta respecto al orden del día es innegable, ya que cualquier persona familiarizada con el mundo de Racing se la plantearía al presidente.
En ese momento, mientras desde la mesa se pedía adherirse al temario establecido, Milito optó por el silencio, sin responder la consulta. Su vicepresidente segundo, Martín Ferré, tuvo que asumir el papel de vocero activo durante el resto de la asamblea, como señalaron otros directivos que estuvieron presentes.
En un momento emotivo, Milito se levantó para rendir homenaje a los veteranos de la Guerra de Malvinas, tras la intervención del vocal Diego Bartalotta, quien había propuesto declarar a los combatientes como socios honorarios de Racing, iniciativa que generó consenso en el recinto. Este gesto fue celebrado incluso en las redes sociales por Claudio Tapia, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, quien tiene una relación conflictiva con Milito.
El contexto actual no le permite al exdelantero luchar contra la AFA, un tema que había abordado hace tres meses en Rosario, donde expresó abiertamente su descontento con la conducción actual. Este viernes, el Cilindro será el escenario de un encuentro frente a Banfield, y tanto el desarrollo como el resultado de ese partido podrían derivar en un nuevo cónclave abierto sobre la situación del club.









