Este dato contrasta con la mejora observada en mayo, cuando la recaudación había crecido un 1,7% en términos reales, poniendo fin a una racha de nueve meses de descensos continuos.
Desde la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) explicaron que el resultado se debe, en gran medida, a la disminución de los ingresos por derechos de exportación. En junio de 2025 se había registrado una recolección extraordinaria debido a la finalización de una reducción temporal de alícuotas, elevando así la base de comparación. También se mantiene un menor ingreso por derechos de exportación para productos como soja, trigo y maíz, a lo que se agrega una nueva reducción para el trigo desde este mes. Además, la desaceleración en las importaciones, tras el fuerte crecimiento del año anterior, impactó negativamente en la recaudación de tributos aduaneros.
No obstante, el análisis del Iaraf indica que la caída no se debió únicamente al comercio exterior. Si se excluyen los tributos relacionados con exportaciones e importaciones, la recaudación habría disminuido un 4,3% real interanual, evidenciando que la debilidad abarcó a varios de los principales impuestos.
A su vez, un factor de calendario impactó en los resultados. ARCA señaló que la prórroga excepcional para la presentación y el pago de las declaraciones juradas de Ganancias y Bienes Personales del período fiscal 2025 para personas humanas trasladó parte de la recaudación esperada para junio a julio.
Gabriel Caamaño, economista de la consultora Outlier, destacó que el dato de junio sugiere que la mejora observada en mayo fue efímera. “En la comparación interanual no hay mucho cambio: salió el efecto extraordinario de Ganancias y volvió a dar una caída”, manifestó. Explicó que el peor rendimiento se concentró en los derechos de exportación y en los aranceles de importación, tributos que afectan particularmente las cuentas del Estado, dado que no son coparticipables.
“En derechos de exportación influyó el adelantamiento de liquidaciones de soja del año pasado, cuando se agotaron stocks debido a la reducción temporal de retenciones. En los aranceles incidió la baja en la cantidad de importaciones”, comentó Caamaño.
Con un supuesto de inflación mensual del 1,9%, el tributo que más se redujo fue el de derechos de exportación, con un descenso real del 45,9% interanual, resultado de la disminución de la carga tributaria sobre el sector agropecuario y de una alta base de comparación.
La segunda caída más significativa correspondió a los impuestos internos, que retrocedieron un 19,7% en términos reales. Le siguió el impuesto a las Ganancias, que bajó un 16,7%, afectado principalmente por la postergación de los vencimientos de las declaraciones juradas de personas físicas. En contraste, los tributos que mostraron un mejor rendimiento fueron el impuesto a los combustibles, con un aumento real del 27,6% gracias a las actualizaciones del gravamen, y Bienes Personales, que creció un 9,5%.
Los impuestos más relacionados con el nivel de actividad también evidenciaron un comportamiento débil. El IVA neto de devoluciones y reintegros —el principal impuesto del sistema— sufrió una caída real del 4% respecto de junio del año anterior. Por su parte, los aportes y contribuciones a la seguridad social bajaron un 2,9% en términos reales, evolución que, según Argañaraz, se explica por la situación del salario real y del empleo formal.
Caamaño observó, sin embargo, ciertas señales de mejora en algunos indicadores tributarios relacionados con la actividad. “Si uno quiere ilusionarse con alguna mejora, el IVA DGI y el impuesto sobre los créditos y débitos, ajustados por inflación y estacionalidad, mostraron mejoras respecto al mes anterior después de dos meses de marcadas caídas. No son los indicadores de actividad que más me gustan, pero muchos los suelen mirar”, concluyó.
El deterioro también es evidente al analizar el primer semestre de este año en su totalidad. Según los cálculos del Iaraf, la recaudación tributaria nacional total acumuló una disminución real del 5,3% en comparación con el mismo período de 2025.
La distribución de esa pérdida fue desigual. Los recursos que permanecen en manos del Gobierno nacional registraron una baja del 6,4% real, mientras que los fondos coparticipados a provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) cayeron un 3%.
En términos de pesos constantes de junio de 2026, esto significa que la Nación dejó de recibir el equivalente a $5,32 billones respecto al primer semestre del año anterior, mientras que las provincias y la Ciudad renunciaron a otros $1,21 billones. En total, la pérdida de recursos alcanzó los $6,53 billones en términos reales durante los primeros seis meses del año.









