La formación se extiende sobre más de 35.000 kilómetros cuadrados y cuenta con las cuartas mayores reservas mundiales de petróleo de esquisto y las segundas de gas de esquisto. Aunque sus recursos eran conocidos desde hace décadas, en los últimos años el país logró avanzar en su explotación a gran escala a partir de nuevas inversiones y tecnología.
El Gobierno de Milei impulsó el sector mediante beneficios fiscales para las inversiones y medidas destinadas a facilitar las exportaciones de hidrocarburos. También promovió la construcción de infraestructura necesaria para aumentar el transporte de la producción.
El presidente definió a Vaca Muerta como una herramienta con capacidad para generar una importante entrada de divisas mediante las exportaciones. Este año, el petróleo crudo pasó a superar a la harina de soja como principal producto de exportación, un dato que reforzó el peso político y económico que la administración nacional le asigna al sector energético.
El gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, también ubicó al desarrollo de los hidrocarburos como una de las principales oportunidades para el crecimiento del país y destacó el potencial de los recursos disponibles en la provincia.
El crecimiento de Vaca Muerta modificó especialmente la realidad de Añelo, la localidad más cercana a las principales áreas de explotación. En los últimos dos años, miles de personas llegaron en busca de trabajo y la población se habría duplicado hasta alcanzar los 12.000 habitantes. El incremento de la actividad produjo además una expansión de viviendas, hoteles, comercios y obras de infraestructura.
Sin embargo, el fenómeno también generó tensiones políticas y sociales. La llegada de trabajadores en busca de empleo fue tan importante que el intendente de Añelo, Fernando Banderet, pidió que se frenara el arribo de nuevas personas al advertir que no existen suficientes puestos de trabajo para todos.
El contraste entre la expansión petrolera y la situación de otros sectores también forma parte del debate. Mientras energía y minería registran crecimiento, actividades con mayor demanda de mano de obra, como el comercio y la industria manufacturera, atraviesan dificultades. Esto alimenta las dudas sobre la capacidad del boom energético para compensar la pérdida de empleos en otras áreas de la economía.
En Neuquén, además, el aumento de la actividad petrolera convivió con un fuerte incremento de los costos de vivienda. Docentes, empleados municipales y otros trabajadores ajenos al sector energético enfrentan dificultades para afrontar los gastos básicos. A esto se suma el impacto de la eliminación de subsidios estatales sobre el precio del gas.
Las comunidades mapuches representan uno de los principales sectores que cuestionan la expansión del fracking. Sus reclamos están vinculados con el uso intensivo de agua, el manejo de productos químicos y el impacto de la actividad sobre el territorio y los recursos naturales.
La discusión también tiene una dimensión política nacional: mientras el Gobierno busca consolidar a la Argentina como un productor y exportador relevante de petróleo y gas, las comunidades cuestionan que los beneficios de la explotación no se traduzcan de manera equivalente en mejoras para quienes viven en los territorios donde se desarrolla la actividad.
Aun con estos cuestionamientos, Vaca Muerta ocupa un lugar central en la estrategia económica de la actual administración. La producción petrolera argentina ya supera los 850.000 barriles diarios, frente a unos 500.000 de hace una década, y el desarrollo de la formación permitió pasar de un déficit energético a un superávit.
Para el Gobierno, el desafío es profundizar esa transformación y convertir los recursos energéticos en una fuente sostenida de exportaciones y divisas. En Neuquén, mientras tanto, el crecimiento acelerado de la actividad convive con nuevas oportunidades laborales, presión sobre la infraestructura y la vivienda, y reclamos de sectores que cuestionan el impacto social y ambiental del modelo.









