En otro segmento de la entrevista, Sordo reflexionó sobre la transformación de los vínculos sociales y la importancia del lenguaje en la estabilidad emocional de las personas. Según su análisis, la reducción del vocabulario en la comunicación limita la capacidad de expresar las emociones. Citó al psiquiatra español José Luis Marín, quien señala que la falta de palabras puede llevar a la enfermedad, puesto que la sustitución del lenguaje por emoticones, por ejemplo, perjudica la profundidad de las relaciones.
La psicóloga advirtió que la impaciencia contemporánea dificulta que las personas se sientan verdaderamente escuchadas: ‘Hemos ido reduciendo la paciencia, porque no solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí’.
Sordo enfatizó que ese intercambio hace complicado establecer conversaciones donde ambos interlocutores se sientan atendidos, ya que la comunicación debe incluir el desafío de abrirse a la transformación a partir de lo que el otro dice, en lugar de convertirse en un monólogo intermitente.
A lo largo de sus ocho años de investigación, Sordo determinó que el diálogo interno de cada individuo influye en su autoaceptación y en su percepción del entorno: ‘Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo’.
Si una persona se considera confiable y noble, proyectará esa sensación en su entorno, enfatizó la analista, quien también resaltó que la autoimagen afecta procesos como el duelo, el propósito de vida y la expresión emocional. ‘Es como te hablas porque eso determina tu amor propio, pero no solo determina tu amor propio, sino que determina tu visión de mundo’, explicó, añadiendo que el diálogo interno y la autopercepción son cruciales en la forma de relacionarse con el mundo y vivir los procesos personales.
Sordo consideró que el proceso de maduración implica molestias que muchos tratan de evitar. Criticó la presión social por mantener una felicidad continua, argumentando que la incomodidad es la única auténtica invitación al crecimiento y a revaluar las prioridades. ‘La incomodidad es la única invitación al crecimiento’, sostuvo, advirtiendo que reconocer la necesidad de cambio puede ser complicado en una cultura que tiende a la evasión. Finalmente, abogó por el derecho humano a cambiar de opinión, errar y abandonar situaciones que no brindan bienestar.








