Durante su visita a España, donde se reunirá con representantes de empresas ibéricas con inversiones en Argentina, el presidente Javier Milei lanzó una chicana a la oposición al afirmar que “si yo fuera peronista habría calles con mi nombre”. Esta declaración se produjo en una entrevista con un medio local, donde agregó: “Yo creo que si fuera peronista o tuviera sobornado a los medios de comunicación, como hacen otros, ya habría calles con mi nombre, cosa que yo no me lo permitiría, pues digo, no creo en eso”. Mientras tanto, en el ámbito político, el oficialismo enfrentó una serie de tensiones en el Congreso, donde se frustró la sesión en el Senado. Una fuente del Gobierno resumió el contexto: “Ganamos tiempo, que es lo que más necesitamos”. Para entender la situación, es necesario retroceder al miércoles de la semana pasada, cuando la presión de los aliados y la disposición de Patricia Bullrich y Victoria Villarruel casi llevaron a la conclusión del mandato de Manuel Adorni como jefe de Gabinete. Se había establecido un acuerdo: si para este jueves 25 Javier Milei no destituía a su funcionario señalado por presunta corrupción, el Senado procedería a su remoción. Mientras tanto, en el Congreso, la oposición intenta avanzar con los pedidos de interpelación a Adorni con el objetivo de sacarlo del Gobierno. Ante estas circunstancias, Milei afirmó en su visita a España que si la Justicia determinara la culpabilidad del jefe de Gabinete en relación a su patrimonio, lo expulsaría “de una patada”. “Si lo consideraran culpable, lo vuelo, lo eyecto yo de una patada”, dijo en la misma entrevista.









