El desafío del crecimiento económico se ha vuelto una preocupación evidente entre los miembros del equipo económico, los inversores en Wall Street y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos sectores, junto a la comunidad inversora en Argentina, se encuentran lidiando con el estrés postraumático ocasionado por los acontecimientos posteriores a las PASO de 2019, que resultaron en caídas en los precios de los activos financieros y una drástica reversión en la política económica. La razón detrás de la inquietud actual es clara: la falta de crecimiento en los sectores intensivos en mano de obra podría poner en riesgo la continuidad de las políticas del presidente Javier Milei para el año 2027.
En un comunicado emitido por el FMI el 15 de abril, que daba cuenta del acuerdo para la segunda revisión del programa de facilidades extendidas, se abordó esta situación con el habitual toque diplomático. El informe destacó que el gobierno buscará establecer un equilibrio entre los objetivos de desinflación, estabilidad externa y crecimiento económico. Esto implica que la meta de reducir la inflación ahora debe incluir la acumulación de reservas internacionales y fomentar el crecimiento. Ha quedado atrás la época en que la disminución de la inflación era el único objetivo de la política económica. El acuerdo, cuyos pormenores aún están pendientes de divulgación y a la espera de la aprobación del directorio del FMI, incluye un mecanismo destinado a mitigar la volatilidad de las tasas de interés para evitar episodios similares a los que vivió Argentina entre abril de 2025 y febrero de 2026.
Durante las reuniones sostenidas con inversores en la Costa Este de Estados Unidos en las últimas dos semanas, el principal tema de conversación fue la falta de crecimiento de la economía argentina y sus posibles repercusiones electorales en las próximas elecciones presidenciales de 2027. La experiencia de quienes padecieron las consecuencias de la crisis de 2019 aún pesa en sus decisiones.
La inquietud del equipo económico respecto al crecimiento se hizo evidente desde finales de febrero, momento en que se permitió una importante disminución de las tasas de interés y una reducción en su volatilidad. Las tasas de depósitos mayoristas cayeron del 36,5% el 23 de febrero a aproximadamente el 22%, mientras que los adelantos a empresas bajaron del 47,2% al 25,8% en el mismo periodo.
Los datos sobre la actividad económica de febrero, publicados recientemente, respaldan la noción de que la economía argentina opera a diferentes ritmos, con un sector primario que muestra un crecimiento vigoroso, mientras que el resto de la economía, particularmente la manufactura y la construcción, presentan resultados muy negativos. En comparación con enero, la economía se contrajo un 2,6%, lo que representa una caída considerable, y en relación a febrero de 2025, la contracción fue del 2,12%. Sin embargo, los sectores primarios crecieron a tasas interanuales cercanas al 10%, mientras que la manufactura y el comercio experimentaron caídas del 8,7% y del 7% interanual, respectivamente, y el sector de la construcción también vio descensos.









