El autor señala que la mente suele quedar atrapada entre los recuerdos del pasado y las ansiedades sobre el futuro, una situación que promueve el sufrimiento y obstaculiza la plena experiencia de la vida. En respuesta a esta dinámica, propone un cambio en la perspectiva: situar el “Ahora” en el centro de nuestra existencia.
Tolle aclara que el presente no siempre es confortable. En su libro reconoce que “el momento presente a veces es inaceptable, desagradable u horrible”. Sin embargo, distingue entre el dolor que puede ocasionar una situación y el sufrimiento extra que proviene de rechazar mentalmente esa realidad.
Desde esta visión, aceptar el instante presente no equivale a consentir lo que sucede ni a renunciar a su transformación, sino a dejar de gastar energía en combatir un hecho ya existente, antes de decidir cómo proceder.
Para Tolle, solo a través de la aceptación consciente se puede responder con claridad y no reaccionar de manera impulsiva desde el miedo, la frustración o la angustia. En uno de los pasajes más citados de El Poder del Ahora, expresa que “el momento presente es todo lo que uno tiene” y sostiene que una verdadera comprensión de esta idea puede cambiar la forma en que se enfrenta al dolor, la ansiedad y los conflictos cotidianos.
El autor considera que gran parte del sufrimiento psicológico surge de la creación de una relación incesante con el tiempo, ya sea a través de la nostalgia, el arrepentimiento o la continua anticipación de eventos futuros. Por ello, sugiere restringir el tiempo a los aspectos prácticos de la vida, evitando que se convierta en el espacio donde se forja la identidad personal.
Su propuesta se centra en “establecer la residencia en el Ahora”, sugiriendo que el pasado y el futuro deben ser abordados solo cuando sea necesario para resolver cuestiones específicas.
Otro aspecto crucial de su libro es la resistencia interior a la realidad. Tolle argumenta que, al rechazar lo que está ocurriendo, una persona crea un conflicto adicional que incrementa el sufrimiento. En este sentido, invita a aceptar el momento presente, no como una forma de resignación, sino como un reconocimiento consciente de lo que ya está. Desde su perspectiva, oponerse a la realidad es confrontar a la vida misma, ya que esta siempre tiene lugar en el ahora.
El autor sostiene que al dejar de lado esa resistencia, muchas experiencias dejan de vivirse en un estado de confrontación constante y comienzan a ser percibidas con mayor claridad y tranquilidad.
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