Uno de estos eventos fue el choque inesperado con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, desencadenado por las declaraciones de Milei durante el lanzamiento en San Pablo de la candidatura presidencial de su aliado Flávio Bolsonaro. En paralelo, se observan los erráticos movimientos del Gobierno en su relación con el Reino Unido respecto al conflicto de soberanía por las Malvinas, en un contexto donde empresas israelíes y británicas están avanzando en la explotación de petróleo en las islas, desplazando a Argentina y alterando la geopolítica del Atlántico Sur.
A pesar de los esfuerzos del Gobierno por ocultar la situación, existe inquietud. No solo por el creciente aislamiento diplomático, sino por la posibilidad de que se presenten acciones judiciales contra el presidente, el canciller Pablo Quirno y otros funcionarios vinculados a decisiones de política exterior.
La crisis con Brasil y los cambios de postura respecto a Malvinas, en conjunto con la imagen de un presidente que, según su entorno, está guiando la región hacia un giro “azul conservador”, chocan con la realidad, ya que la prensa internacional lo describe como parte de la “ola naranja”, alineada más con Donald Trump que con una ideología conservadora clásica. Esto evidencia la desconexión de Milei con la diplomacia desde el inicio de su mandato.
Desde su llegada al poder, especialmente tras la salida de Diana Mondino, Milei y sus cancilleres, Gerardo Werthein y Pablo Quirno, han debilitado la Cancillería, que actualmente carece de autoridades designadas. No hay vicecanciller, y se han eliminado áreas clave, como la Subsecretaría de Asuntos Latinoamericanos y Mercosur.
Diez embajadas permanecen sin líderes, algunas desde hace uno o dos años. Entre ellas se encuentra la de Italia, un país gobernado por una aliada de Milei, Giorgia Meloni, lo que representa un importante error diplomático, así como la embajada en los Países Bajos, que es sede de tribunales esenciales de la ONU y donde residía la reina Máxima, de origen argentino. Esto contradice la postura del Gobierno, que desprecia al organismo internacional en tanto promueve a Rafael Grossi como candidato a secretario general.
La Secretaría del Área Malvinas, que debería tener un rol importante, ha perdido peso frente a las decisiones personales de Milei y la influencia de otros actores, lo que ha llevado a rumores sobre la posible salida de su titular, Paola Di Chiaro, como una respuesta a los constantes cambios de estrategia.
En contraste con el pasado, los diplomáticos ya no están involucrados en la formulación de políticas. El temor a interferencias en sus carreras se ha intensificado en un entorno de inseguridad creado por Balcarce 50.
Esta falta de asesoramiento diplomático se evidencia en las afirmaciones del presidente, quien sostiene que Werthein y Quirno han logrado que el Reino Unido negocie sobre Malvinas en las Naciones Unidas. En realidad, lo que ha sucedido es que los países del Comité de Descolonización han renovado su respaldo a la convocatoria argentina para dialogar sobre la soberanía de las islas. Sin embargo, el actual Gobierno no ha iniciado ese proceso y no ha presionado a Londres para negociar.
El presidente también parece convencido de que Trump lo apoyará en el reclamo por las Malvinas, que enfrenta una compleja reconfiguración tras los anuncios de Navitas Petroleum de Israel y Rockhopper del Reino Unido sobre la extracción de petróleo a partir de 2028.
Una empresa naviera chilena ya está en negociaciones para gestionar la logística, y los israelíes han anunciado la apertura de un consulado en Ushuaia, aunque afirman que no están vinculados a una empresa de capital privado, a pesar de la fuerte presencia del Estado hebreo en empresas privadas desde una óptica de seguridad.
La crisis generada por el paso de un buque militar británico por aguas argentinas ha evidenciado la desorganización entre la Cancillería y el Ministerio de Defensa. Se comenta que los británicos avisaron por WhatsApp, omitiendo los acuerdos de confianza reanudados tras la guerra.
La coordinación entre la Armada Argentina y la Cancillería ha sido deficiente; la respuesta ante el hecho llegó diez días después, tras la condena generalizada de la política argentina. Mientras tanto, marinos chilenos y británicos participaban en actos conjuntos en Punta Arenas.
La llamada “solidaridad” entre los países de la región respecto a Malvinas ha dejado de existir, y los acuerdos firmados carecen de vigencia. En este contexto, se señala que no hay condiciones para que Milei pueda realizar su anhelado viaje a Londres, conocer a Mick Jagger y difundir su mensaje contra el comunismo y la inmigración.
El presidente busca establecer un acuerdo de libre comercio, pero además de gobernar el laborismo, su supuesto aliado de ultraderecha, Nigel Farage, también ha manifestado que las Malvinas son “innegociables”.
El presidente y Quirno han hecho bromas sobre la posibilidad de hacer historia recuperando las Malvinas, especialmente tras la circulación de un correo electrónico del Pentágono que insinuaba un cambio en la neutralidad tradicional estadounidense respecto a las islas. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, desestimó dicho documento al calificarlo como “tan solo un email”.
La realidad es que Argentina ha quedado totalmente marginada de ese debate. La oposición no ha logrado que ninguno de los cancilleres de Milei, excepto Mondino, comparezca en el Congreso para brindar informes. Quirno mantiene una postura de obediencia estricta hacia Milei y su hermana Karina, y el apoyo en las redes sociales proviene principalmente de las tribus digitales de las Fuerzas del Cielo, que le proporcionan medios y audiencia.
Su gestión se enfoca en establecer la agenda con Marco Rubio en Washington y en un número limitado de países europeos, ya que no ha realizado visitas a Asia, y en intentar posicionar a Milei como el líder de la nueva derecha sudamericana.
Sin embargo, ante la falta de comparecencias de los cancilleres ante el Congreso, la oposición advierte que tanto Quirno como el ministro de Defensa, Carlos Presti, podrían enfrentarse a numerosas denuncias por los acuerdos firmados con Estados Unidos. Esto incluye desde el pacto comercial sin una revisión de los compromisos asumidos ante la OMC, el Mercosur y la Unión Europea, hasta el Escudo de las Américas y la declaración de guerra contra lo que Rubio denomina “la izquierda radical terrorista”. En Argentina, esto podría estar transgrediendo las leyes de seguridad interior y defensa.
El conflicto con Brasil ha generado un gran desconcierto político, y Milei se muestra reacio a retroceder. Sus insultos hacia Lula da Silva, catalogándolo de “ladrón”, “presidiario” y “basura”, han intensificado la crisis con el principal socio económico de Argentina en el Mercosur. Las declaraciones han sido seguidas por un repudio por parte del Itamaraty y fuertes críticas desde el Planalto, donde se llegó a calificarlo de “imbécil” y “payaso”. Lula, al ser consultado sobre Milei y sus discursos, se limitó a responder: “¿Quién es ese tipo?”.









