La tendencia puede repercutir en la vida diaria. Los cambios continuos de actividad están asociados con más estrés, mayores dificultades para terminar tareas y una productividad menor. Sin embargo, los especialistas señalan que la concentración no es una capacidad perdida de manera irreversible: hay formas de ejercitarla y de recuperar el control frente a las distracciones.
Gloria Mark, investigadora y profesora especializada en comportamiento digital, lleva más de dos décadas estudiando cómo las personas distribuyen su atención. Amishi Jha, profesora de Psicología de la Universidad de Miami, analiza los procesos cognitivos vinculados con la concentración y las maneras de reforzarlos.
La atención permite enfocar los recursos mentales en una tarea o estímulo determinado. En sus estudios, Mark observa cómo las personas pasan de una actividad a otra y qué factores propician esos cambios.
Desde comienzos de la década de 2000, la investigadora examinó el fenómeno mediante observaciones en ámbitos laborales y, posteriormente, con herramientas para registrar el uso de las computadoras. En el primer estudio, realizado en 2003, los participantes mantenían la atención en un mismo contenido de pantalla durante un promedio de dos minutos y medio antes de cambiar de foco.
Los registros posteriores reflejaron una caída gradual: el promedio llegó a 75 segundos en 2012 y a 47 segundos entre 2016 y 2020. En las observaciones más recientes, la mediana fue de 40 segundos. Esto indica que la mitad de los registros se ubicó por debajo de ese lapso.
Mark precisa que esa cifra no señala el máximo de concentración posible para el cerebro ni cuánto puede sostener una persona una actividad si trabaja sin interrupciones. Mide cuánto tiempo se mantiene en un mismo contenido de pantalla antes de cambiar el foco en el transcurso de la vida cotidiana.
Aunque revisar un correo durante otra tarea parezca una interrupción insignificante, cada cambio demanda un esfuerzo extra del cerebro. Al iniciar una actividad, la mente organiza la información y los objetivos que necesita para realizarla. Si surge una distracción, debe modificar ese esquema y responder a una exigencia diferente.
Ese ajuste consume recursos cognitivos y puede complicar la vuelta a la tarea inicial. Mark denomina “residuos de atención” al fenómeno por el cual una actividad previa sigue ocupando parte de la mente incluso después de pasar a otra. En otras palabras, una porción de la atención permanece ligada a lo que quedó pendiente y compite con la información nueva.
Los estudios sobre los cambios de tarea también indican que alternar entre actividades puede prolongar el tiempo necesario para terminarlas y aumentar la posibilidad de cometer errores, sobre todo si requieren concentración y procesamiento de información.
La creencia de que es posible realizar simultáneamente varias tareas que exigen atención es uno de los principales mitos sobre la concentración. Jha, autora de Peak Mind, explica su funcionamiento mediante la imagen de una linterna: ilumina una parte de la información y deja el resto en segundo plano.
“Todos tenemos una sola linterna, por eso no podemos dirigirla hacia varias cosas al mismo tiempo”, explica Jha. Según la especialista, lo que suele llamarse multitarea consiste en realidad en pasar de manera rápida y constante de una actividad a otra, una dinámica que puede malgastar recursos cognitivos.
La Asociación Estadounidense de Psicología advierte que los cambios frecuentes entre tareas pueden acumular costos de tiempo y perjudicar el rendimiento. El investigador David Meyer calculó que las interrupciones y los bloqueos mentales relacionados con esos cambios pueden consumir hasta un 40% del tiempo productivo.
Además, las investigaciones muestran que quienes se consideran buenos para realizar varias tareas a la vez no necesariamente consiguen mejores resultados en pruebas objetivas que exigen filtrar distracciones y sostener la atención.
Pese a las notificaciones, las responsabilidades y la acumulación de tareas, los especialistas sostienen que algunos cambios de hábitos pueden ayudar a cuidar y entrenar la atención.
Para Jha, la concentración no es una capacidad inmutable, sino una habilidad que puede desarrollarse con la práctica. La compara con el entrenamiento físico: del mismo modo que el ejercicio fortalece los músculos, ejercitarse de manera regular puede mejorar la capacidad de dirigir la mente.








