A diferencia de quienes se quedan despiertos porque trabajan, estudian o afrontan una emergencia, en este caso no hay una obligación que impida irse a la cama. La situación es más sutil: después de un día lleno de responsabilidades, muchas personas sienten que la noche es el único momento que realmente les pertenece. Por eso resignan horas de sueño para ver una serie, navegar por las redes sociales, jugar videojuegos o disfrutar de un rato de ocio que no tuvieron durante el día.
“Más que una venganza literal contra el sueño, este fenómeno es una forma de intentar recuperar y compensar emocionalmente el tiempo personal que el trabajo, las obligaciones o el ritmo acelerado de la rutina parecen haber arrebatado”, explicó la psicóloga Marcela Quispe, de la Universidad Autónoma del Perú.
Sin embargo, esa breve sensación de libertad suele tener un costo importante al día siguiente: más cansancio, menor concentración y un ciclo que puede repetirse noche tras noche.
Después de varias horas de trabajo, estudio o responsabilidades, el cerebro se fatiga, señaló Patricia Jurado, psicóloga y docente de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, de Perú. Así como los músculos se cansan después de hacer ejercicio, las funciones mentales que permiten planificar, tomar decisiones y controlar los impulsos pierden eficacia a medida que avanza el día.
“Al final del día, existe una tensión entre dos sistemas del cerebro”, señaló la especialista. Por un lado, la corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la planificación, intenta recordarnos que debemos dormir. Por otro, los circuitos relacionados con las emociones buscan una gratificación inmediata. Por eso resulta mucho más difícil tomar una decisión que beneficie al ‘yo’ del día siguiente, como dejar el celular y acostarse.
No es que las personas no valoren el descanso. Más bien, el cerebro deja de priorizar el bienestar de la mañana siguiente y se concentra en conseguir un estímulo placentero que alivie el desgaste emocional acumulado.
“Muchas personas no sienten que estén eligiendo entre dormir o ver un video más”, resumió la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic. “Sienten que están eligiendo entre dormir o tener el único momento del día que realmente les pertenece”.
¿Por qué el celular?
Cuando el cerebro ya está fatigado, el celular parece ofrecer justo lo que muchas personas buscan al final del día: entretenimiento, desconexión o la sensación de tener un momento para sí mismas. Además, las plataformas presentan contenido de manera continua, lo que facilita perder la noción del tiempo.
Frank Villarreal, neurólogo especializado en medicina del sueño de la Clínica Ricardo Palma, indicó que estas actividades activan el sistema de recompensa cerebral. Cada estímulo agradable favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer. Esa satisfacción inmediata lleva a buscar nuevos estímulos, ya sea deslizar el dedo por las redes sociales, ver otro capítulo o jugar una partida más.
Pero el problema no termina ahí. Mientras el celular mantiene la atención con estímulos constantes, también interfiere en el proceso biológico que prepara al organismo para dormir.
“La luz emitida por las pantallas inhibe el funcionamiento del eje retinal-hipotalámico, un sistema que ayuda a sincronizar el ciclo natural de vigilia y sueño. Como consecuencia, disminuye la producción de melatonina –la hormona que prepara al organismo para dormir– y también se bloquea la liberación de Gaba, un neurotransmisor esencial para iniciar las primeras fases del sueño”, detalló el doctor.
Aun así, sería un error atribuir el problema exclusivamente a las pantallas. Como destacó Liliana Tuñoque, psicoterapeuta de Clínica Internacional, las redes sociales, los videojuegos y las plataformas de transmisión de series y películas pueden convertirse en una vía rápida para aliviar el estrés o las emociones acumuladas durante el día.
La tecnología, entonces, no necesariamente es la causa principal, sino la herramienta que muchas personas usan para regular cómo se sienten.
El precio que se paga
Quedarse despierto hasta tarde de manera ocasional no suele tener mayores consecuencias. El problema aparece cuando ese “ratito” se transforma en una rutina. Dormir poco durante semanas o meses afecta el funcionamiento cerebral, de acuerdo con la psicóloga Claudia Zapana, de la oficina de Bienestar Estudiantil y Empleabilidad del Instituto Certus, de Perú.
La falta de descanso reduce la memoria, la atención y la capacidad para tomar decisiones, además de dificultar la regulación emocional. También puede aumentar la irritabilidad, el estrés y la vulnerabilidad a desarrollar problemas como ansiedad o depresión. Y, si pensás que dormir hasta tarde el fin de semana alcanza para compensarlo, la evidencia apunta en otra dirección.
Patricia Jurado destacó que dormir más puede aliviar parte del cansancio, pero no revierte por completo los efectos de haber descansado poco durante varios días. Incluso, modificar constantemente los horarios entre semana y los fines de semana puede alterar aún más el reloj biológico.
“Cuando una persona tarda más de 30 minutos en quedarse dormida después de apagar las pantallas o siente que necesita tener el celular para poder conciliar el sueño, el hábito puede estar afectando la calidad del descanso e incluso favorecer el desarrollo de insomnio”, añadió el neurólogo Villarreal.
Recuperar las noches
El problema no se resuelve solo modificando la hora de acostarse. Si durante el día seguís sintiendo que nunca tenés un momento libre, es probable que vuelvas a retrasar el sueño: el cerebro seguirá buscando al final de la jornada esa sensación de autonomía.
Por eso, el objetivo no debería ser eliminar el entretenimiento, sino evitar que compita con el descanso. Lo ideal es reservar pequeños espacios personales durante el día, aunque sean 15 o 20 minutos para caminar, leer, escuchar música o simplemente descansar.
Los especialistas también recomendaron mantener horarios regulares, establecer una rutina que señale el final del día y reducir de manera gradual el uso de pantallas antes de dormir. Medidas sencillas, como dejar el celular fuera del dormitorio o programar un aviso para empezar la rutina nocturna, pueden ayudar a interrumpir el ciclo.
“El verdadero cambio, ese que va a trascender en el tiempo, no consiste en luchar cada noche contra el celular, sino en reorganizar el día para que el descanso deje de competir con la necesidad de tener un momento propio”, concluyó Jurado.









