Este enfoque se ha implementado en las ciudades de Marrakech y Agadir, en el marco de una estrategia de desarrollo urbano sostenible. Su propósito es mitigar el efecto del calor y optimizar el drenaje durante fuertes lluvias.
A diferencia de las superficies tradicionales, el nuevo material permite una gestión más eficiente del agua y tiene el potencial de reduzir la acumulación térmica en las áreas urbanas.
El pavimento poroso cuenta con una estructura que presenta pequeños espacios que facilitan el paso del agua. En lugar de acumularse en la superficie o ser desviada hacia los desagües, el agua puede infiltrarse en las capas de suelo subyacentes.
Posteriormente, parte del agua se evapora, contribuyendo a la disminución del calor acumulado. Este mecanismo puede ayudar a bajar la temperatura de la superficie y a combatir el fenómeno de la isla de calor urbana, por el cual las ciudades suelen registrar temperaturas más altas que las áreas rurales aledañas.
Además de su contribución a la reducción del calor en las calles, esta tecnología presenta ventajas para la gestión del agua y la movilidad vehicular. Entre sus principales beneficios se destacan la mejora en el drenaje y una circulación más fluida.
Pese a sus múltiples ventajas potenciales, la adopción de este tipo de pavimento no está exenta de desafíos. Uno de los principales problemas es el mantenimiento, ya que el polvo, la arena y los sedimentos pueden obstruir los poros y disminuir la capacidad de infiltración del agua.
También es crucial evaluar la resistencia del material frente al tráfico constante de vehículos pesados, así como analizar los costos asociados con su construcción y reparación. Por lo tanto, su implementación a gran escala requiere de un estudio profundo sobre su rendimiento a largo plazo y determinar en qué calles y bajo qué condiciones climáticas resulta más favorable.









