Uno de los principales desafíos aparece en la actividad económica. Mientras la inflación dejó de ser la principal preocupación de la población, ganaron peso cuestiones vinculadas con el empleo y los ingresos.
En los primeros cinco meses de 2026, el PBI creció 1,7% interanual. Sin embargo, el avance estuvo concentrado en el agro, la energía y la minería, que representan alrededor del 13% de la economía y crecieron 12,3%. El resto de las actividades prácticamente no registró crecimiento, con una expansión de apenas 0,2%.
Esta diferencia ayuda a explicar la distancia entre los indicadores generales y la percepción sobre la economía cotidiana. Los sectores vinculados al mercado interno, como la construcción, la industria, el comercio y parte de los servicios, continúan mostrando debilidad.
En paralelo, la confianza en el Gobierno volvió a deteriorarse en julio, luego de una mejora registrada en junio. El índice elaborado por una institución académica privada cayó 6,5% y quedó en su nivel más bajo desde el inicio de la gestión, con una baja superior al 20% frente al mismo mes del año anterior.
El margen fiscal para impulsar la demanda también aparece limitado. El superávit primario acumulado en los últimos doce meses se ubicó en torno al 1% del PBI, por debajo del 1,8% registrado a fines de 2024. La menor recaudación y las reducciones impositivas contribuyeron a ese descenso.
En este contexto, el Gobierno postergó una reducción de contribuciones patronales vinculadas al Fondo de Asistencia Laboral y tampoco anunció una nueva baja de retenciones. Entre las alternativas para estimular la actividad aparece el desarrollo de infraestructura mediante concesiones y asociaciones público-privadas, aunque todavía no se implementó un programa de esa magnitud.
La política monetaria también presenta restricciones. La base monetaria permaneció durante meses cerca de los $41 o $42 billones, aunque en los últimos dos meses registró una leve expansión. Al mismo tiempo, el crédito al sector privado continúa limitado y la morosidad alcanza niveles elevados en los préstamos a hogares y personales.
En el frente cambiario, el dólar mayorista subió 5,3% en junio y 1,1% hasta fines de julio. Sin embargo, cuando el tipo de cambio se acercó a los $1.500, aumentó la intervención oficial mediante operaciones del Banco Central y del Tesoro. La prioridad continúa puesta en contener el dólar y sostener el proceso de desinflación.
De cara a 2027, el escenario plantea así un desafío: la estabilidad macroeconómica y la desaceleración de los precios aparecen como los principales logros, mientras que la recuperación de la actividad y del empleo continúa siendo una asignatura pendiente.
Una expansión sostenida de la economía vinculada al consumo y al mercado interno podría mejorar las perspectivas electorales del oficialismo. Pero, con las políticas actuales, no aparece definido un impulso suficiente para garantizar esa recuperación antes de los comicios.









