La operación se produce luego de que la moneda japonesa alcanzara su nivel más bajo frente al dólar en casi 40 años, debido principalmente a la amplia diferencia entre las tasas de interés de Estados Unidos y Japón. Frente a este escenario, ambos países habrían acordado realizar compras de yenes para sostener su cotización y transmitir una señal de coordinación a los mercados.
Según información vinculada a la operación, Japón habría destinado alrededor de 59.000 millones de dólares para respaldar la moneda durante las operaciones realizadas en Nueva York, mientras que Estados Unidos también preparó mecanismos de apoyo. El objetivo principal es evitar movimientos considerados excesivos en el mercado cambiario y aportar mayor estabilidad.
La intervención coincide con la última decisión del Banco de Japón, que mantuvo sin cambios la tasa de interés, aunque dejó abierta la posibilidad de futuros aumentos debido a las presiones inflacionarias. El mensaje del organismo monetario reforzó las expectativas de una normalización gradual de su política.
En caso de confirmarse oficialmente, esta sería la primera intervención cambiaria coordinada entre Tokio y Washington desde la realizada luego del terremoto y tsunami de 2011. Aquel antecedente refleja la preocupación de ambas economías por los efectos que una depreciación acelerada del yen puede generar sobre la estabilidad financiera internacional.
Estados Unidos había dejado de intervenir en los mercados de divisas a mediados de la década de 1990. Desde entonces, realizó operaciones de este tipo únicamente en tres oportunidades: en 1998, 2000 y 2011, de acuerdo con un informe del Congreso estadounidense. La nueva intervención sería la cuarta desde ese período.
Diversos análisis señalaron que se trata del primer respaldo estadounidense al yen en más de una década. Sin embargo, el contexto actual presenta diferencias respecto de 2011, cuando los países del Grupo de los Siete vendieron yenes para evitar una suba excesiva de la moneda japonesa.
La última vez que Estados Unidos había comprado yenes ocurrió el 17 de junio de 1998, cuando la Reserva Federal de Nueva York destinó 833 millones de dólares a la operación. Los fondos provinieron parcialmente de la Reserva Federal y del fondo de estabilización cambiaria del Departamento del Tesoro.
Esa intervención tuvo una magnitud considerablemente menor frente a la operación actual. Además, días antes de aquella medida, el Departamento del Tesoro estadounidense había publicado un informe sobre prácticas cambiarias en el que mantenía a Japón bajo observación.
Japón tuvo un papel más relevante en la intervención reciente. De acuerdo con estimaciones basadas en registros del Banco de Japón y proyecciones del mercado, la compra de yenes realizada alcanzó unos 8,45 billones de yenes, equivalentes a aproximadamente 52.800 millones de dólares.
Las cifras definitivas de la operación todavía no fueron difundidas, ya que el Ministerio de Finanzas japonés publica los datos oficiales de intervenciones cambiarias una vez al mes. El próximo informe, que incluirá las operaciones realizadas el 30 de julio, estará disponible hacia finales de agosto.









