Una generación entera ha sido educada en la idea de que el director técnico del combinado nacional debía poseer una vasta experiencia y un historial que respaldara su nombramiento. Esto se evidenció, por ejemplo, en 1969, cuando la decisión de designar a Humberto Maschio, un entrenador recién retirado de su carrera como futbolista, generó controversia. Su breve paso como director técnico, con apenas cuatro partidos dirigidos, culminó en su destitución y la llegada de Adolfo Pedernera, un referente en el campo que había dirigido a Colombia en la Copa del Mundo de 1962. Esta elección, impulsada por una improvisación total, resultó en la única vez que Argentina no logró avanzar en una eliminatoria.
En cambio, el recorrido de los sucesivos entrenadores argentinos a lo largo de los años estuvo marcado por la experiencia y los éxitos. Desde César Luis Menotti, Carlos Bilardo y Alfio Basile hasta figuras como Diego Maradona y Jorge Sampaoli, todos llegaron con un peso considerable en sus trayectorias. Scaloni, por su parte, comenzó como interino, luego firmó un contrato anual y, finalmente, fue confirmado hasta el Mundial 2022. A pesar de las críticas iniciales sobre su falta de experiencia, hoy cuenta con ocho años en el cargo, habiendo dirigido únicamente a la selección mayor tras haber sido ayudante técnico y dirigir a las divisiones juveniles.
Un concepto recurrente ha sido la necesidad de enfrentarse a selecciones europeas antes de los mundiales, planteado inicialmente por Manuel Paulino González en 1948. Argentina, cumpliendo con este enfoque, disputó encuentros con potencias europeas desde 1951 hasta 1956. Menotti lo reafirmó en un proyecto de 1975 que, entre otras cosas, dio como resultado que entre 1976 y 1978 la selección disputara doce partidos internacionales que consolidaron su camino hacia la primera estrella en el Mundial.
Sin embargo, Scaloni rompió este esquema. En su primer ciclo, Argentina se enfrentó a solo tres selecciones europeas antes de Qatar: Alemania, Italia y Estonia. En sus 104 partidos como técnico, apenas doce fueron contra rivales europeos, la mayoría de ellos en fases de eliminatorias y contra selecciones consideradas de menor jerarquía.
La idea de no incluir jugadores lesionados también se cuestionó. En Qatar, Scaloni se adhirió a esta creencia al descartar a Nicolás González y Joaquín Correa, y en esta competencia a Leonardo Balerdi. Sin embargo, a lo largo de la historia, muchos técnicos como Bilardo y Sampaoli han tomado decisiones similares, prescindiendo de futbolistas en situaciones similares.
La inquietud acerca de la ambición de los futbolistas en un contexto publicitario también emergió con fuerza. Se alegó que los jugadores priorizaban el dinero sobre la gloria deportiva; no obstante, alcanzaron la final del último mundial. La situación de Lionel Messi, que a sus 39 años jugará su último campeonato mundial, plantea nuevas preguntas sobre la dependencia del equipo hacia él. Otros jugadores, como Rodrigo De Paul, han optado por ligas menos competitivas, generando una percepción de declive en su rendimiento. Pese a esto, algunos futbolistas han continuado figurando en equipos de primer nivel.
A lo largo de los últimos encuentros, se han observado signos de cansancio y falta de frescura entre los jugadores en situaciones críticas, mostrándose competitivos incluso en los momentos difíciles, como la épica remontada contra Inglaterra, a pesar de no haber tenido un rendimiento destacado.
Así, se hace necesario reconocerlo. Es tiempo de deshacerse de todos esos conceptos y prejuicios que se han mantenido hasta ahora. La Scaloneta ha comenzado a forjar un nuevo relato en la historia del fútbol argentino.









