Con una multitud vestida en los colores de la bandera nacional, rojo, azul y blanco, el festejo se extendió por la calle Karl Johans, el corazón de la ciudad, donde los aficionados realizaron el característico movimiento sincronizado de remo que ha venido a simbolizar a los hinchas noruegos durante el torneo.
Como ha sido habitual en cada victoria de la Copa del Mundo, los integrantes del equipo celebraron junto a sus seguidores con canciones tradicionales que evocan la rica herencia cultural de Noruega. El mediocampista y capitán del equipo, Martin Ødegaard, fue quien inició la fiesta. Con un mazo en una mano y un tambor en la otra, dio dos golpes al instrumento que fueron respondidos por sus compañeros, quienes empezaron a imitar la acción de remar. Después de una breve pausa, Ødegaard invitó al público a unirse a la celebración desde las gradas. A medida que el capitán retomaba el ritmo, el coro de aficionados y jugadores en conjunto se intensificó, culminando en una explosiva celebración.
Este ritual, conocido como Remada Vikinga, rinde homenaje a los orígenes vikingos de Noruega y simula el movimiento de quienes remaban en las antiguas embarcaciones.
Tras el triunfo sobre Costa de Marfil, decenas de miles de aficionados salieron a las calles para festejar, lo que incluyó movimientos de remo por doquier. Sin embargo, algunos seguidores demasiado animados causaron estragos cerca del Palacio Real, arrancando plantas y derribando postes y vallas. “No me atrevo a imaginar lo que sucederá si avanzamos a la final”, comentó el jardinero real Ole Johan Hildre.
Las autoridades de transporte se vieron obligadas a retirar varios vagones del servicio para su reparación tras los incidentes donde los aficionados destrozaron carteles publicitarios y abollaron los techos de los mismos. Gina Scholz, portavoz de la empresa de transporte Sporveien, manifestó que “es lamentable que las personas se dejen llevar tanto que afecten nuestro material”, aunque reconoció que fue “una velada fantástica”.
Más de dos millones de los aproximadamente 5,5 millones de habitantes de Noruega siguieron el partido, según estimaciones de una cadena local que posee los derechos del torneo.









