Esta anécdota, insólita por donde se mire, es solo una de las muchas que se relatan en “Secretos del Colegio” (Educar en Ciencias), una obra de Gustavo Zorzoli, quien detalla los misterios y vivencias que atravesó al frente de esta prestigiosa institución entre 2011 y 2019.
El libro no se limita a simples anécdotas. También ofrece una mirada profunda sobre una escuela que resulta enigmática para quienes no han recorrido sus pasillos, reflejando una dinámica de tensiones entre la UBA, el personal docente, los sindicatos, los estudiantes y los graduados, tal como lo describe Zorzoli.
La historia del Colegio está impregnada de una fuerte tradición, según Zorzoli. “Fue creado y pensado por Bartolomé Mitre para formar a los líderes del país. Cuando pasó a depender de la UBA en 1910, ya era ‘el colegio’. Algunos egresados sostienen que el colegio precede a la UBA e incluso a la patria”, comenta Zorzoli, quien se ríe de la anécdota.
El ex rector recuerda que Mitre estableció un plan de estudios con un enfoque humanista. “Y cuando digo humanista no me refiero solo a lo literario: incluía Física, Matemática, Química y Latín. Era un humanismo francés: se pensó como un colegio de élite, selectivo y de excelencia”, explica, resaltando el principal secreto del Buenos Aires.
Zorzoli asevera que el colegio está marcado por múltiples estamentos de poder, donde estudiantes, docentes, personal no docente, graduados y la propia universidad interactúan. “Te encuentras atrapado entre diversas fuerzas que a menudo intentan bloquearte o empujarte en direcciones diferentes”, comparte el ex rector, que ha sido profesor de Matemática y ha publicado más de 30 libros a lo largo de sus 40 años de carrera.
Aunque los graduados son quienes menos poder formal tienen, su presencia se siente por la soberbia que “emana de ellos apenas abren la boca”, establece Zorzoli en su libro, entre risas.
“Si la pregunta es ‘¿Fuiste al Colegio?’, eso solo basta para identificar a un miembro de la tribu -continúa en el libro-. Porque para ellos, colegio, lo que se llama colegio, hay solo uno y es con mayúscula. Los demás, en el mejor de los casos, asistimos a un establecimiento de enseñanza secundaria que de casualidad lleva el nombre de Colegio Pirulo”, describe.
Curiosamente, Zorzoli no fue alumno del Colegio; su llegada al rectorado fue casi fortuita. “Venía de ser rector del Normal 1, tenía experiencia en gestión y había sido director del curso de ingreso, además de profesor del colegio. Para elegir al nuevo rector, el rectorado de la UBA arma una terna y luego el Consejo Superior elige. Yo llegué a la terna con apenas tres votos docentes. Había otro candidato muy respaldado por estudiantes y graduados. Pero el rectorado decidió que si lo elegían a él, quedaría bajo la influencia de esos sectores. Así que finalmente fui yo”, explica.
Las tomas del colegio marcaron algunos de los momentos más complicados de la gestión de Zorzoli, aunque recuerda con particular gravedad dos episodios. Uno fue el intento de profanación de la Iglesia de San Ignacio, que culminó en un proceso judicial. “Fue muy complejo porque involucró a estudiantes del colegio, a la Iglesia y a la comunidad educativa. Los propios compañeros denunciaron a quienes habían participado”, rememora. El otro suceso se relaciona con una denuncia falsa de abuso durante una toma.
Pese a estos desafíos, Zorzoli asegura que nunca enfrentó esas situaciones desde una perspectiva de miedo o desesperación. “Regresaba a casa y dormía tranquilo. Nunca necesité tomar una pastilla para dormir”, confiesa. Destaca que esa paz mental se debió a su larga familiaridad con el colegio. “Sabía dónde estaba sentado y conocía a todos los actores porque llevaba 30 años en el colegio antes de ser rector”, detalla.
El ex rector observa que actualmente hay menos conflicto político. “Después de la pandemia, la movilización ha sido mínima. Si observas al centro de estudiantes hoy, muchas de las discusiones giran en torno a temas menores. Existe un colegio mucho más paralizado”, concluye.
La obra también incluye anécdotas más ligeras, como aquella en la que lo confundieron con el fiscal Gerardo Pollicita. En febrero de 2016, durante una comida, vio su propia imagen en las pantallas de las noticias. “¿Qué carajo pasó en el Colegio?”, recuerda haber pensado.
El mismo día, el fiscal Pollicita había imputado a Cristina Kirchner por la denuncia presentada por Alberto Nisman. Al no contar con una foto del fiscal, los noticieros utilizaron una imagen de Zorzoli de una nota sobre el caso de la Iglesia, lo que llevó a la confusión. Como resultado, muchos lo reconocían en la calle como Pollicita, recibiendo elogios de una mitad de la población y críticas de la otra.
Más tarde, se reunió con Pollicita en relación a la causa de la iglesia y escuchó entre carcajadas: “Llegó Pollicita blue”.
El Nacional Buenos Aires también es parte de La Noche de los Museos, donde Zorzoli recibió una oferta para ser ministro de Educación, propuesta que rechazó. “Nah, ser rector de ese Colegio te pone en otro nivel, en un sitio incomparable. ¿O alguien se acuerda del Ministro de Educación de esos tiempos? No valdría la pena semejante esfuerzo”, señala en el libro.
Además, menciona que el Buenos Aires, como toda escuela secundaria, desafía constantemente a sus autoridades a mantenerse jóvenes. “Los chicos siempre son chicos. Tú envejeces, pero ellos te muestran constantemente la juventud, las jergas, las nuevas formas de pensar. Además, los conoces fuera del ámbito familiar, donde son más libres”, explica.
Zorzoli revela que fue su esposa quien lo motivó a escribir este libro. “’Tenés que escribir, tenés que escribir’, me decía. Sentía que debía dejar un legado sobre esta gestión y mostrar quiénes son los actores presentes: los gremiales, los universitarios, el juego con los estudiantes y con los docentes”, expresa.
En el libro y en la entrevista se vislumbra una cierta nostalgia en Zorzoli por regresar a la dirección del Buenos Aires. Se muestra aún molesto por la forma en que culminó su mandato, y reconoce que el estatuto le permite volver en el próximo período.
En 2018, había una presión en la UBA por presentar a nuevas autoridades del colegio que fueran mujeres. “En el caso del Pellegrini, eligieron a una profesora histórica. Pero en el Nacional fue diferente”, sostiene, sugiriendo que la actual rectora llegó a su puesto por presiones gremiales.
“Sentía la necesidad de mostrar con este libro el trabajo intenso que realizamos. Éramos un grupo muy fuerte, convencido de que se podía mover un colegio tan tradicional”, concluye Zorzoli.
Finalmente, lanza su mensaje contundente: “Este libro habla de mover el colegio. Mariano Marinetti lo entendió a la perfección en la ilustración de la tapa: son los pisos del colegio rotados, movidos. A veces empujas y logras cambios; otras veces empujas y te resisten. Pero creo que lo peor que puede suceder es quedar estático, no hacer nada. Y siento que hoy el colegio está achatado.”









