No obstante, la reunión no logró sanar las heridas y reveló el descontento persistente en un sector significativo de la dirigencia mundial, alimentado por el escándalo que ha sacudido a la FIFA en los últimos meses.
El foco de atención giró en torno al controvertido proyecto FIFA Forward Enterprise, impulsado por Infantino, que pretendía abrir el acceso a activos del fútbol mundial para inversores privados. Esta propuesta generó una fuerte oposición entre diversas federaciones, llevando a su eventual retiro.
En la sesión celebrada en Zúrich, Infantino reconoció ciertos errores y expresó disculpas por la manera en que se manejó la situación. “Hemos mantenido conversaciones en relación con el proyecto durante las que todo el mundo tuvo la oportunidad de hacer preguntas y expresar sus opiniones”, dijo, reafirmando que el plan ha sido abandonado de forma definitiva.
Asimismo, defendió la administración financiera de la FIFA y presentó una nueva propuesta para redistribuir parte del superávit generado por el Mundial 2026, proyectando una inversión de 6.350 millones de dólares para el desarrollo del fútbol en el periodo 2027-2030. “El dinero de la FIFA pertenece a las 211 federaciones miembro”, sostuvo, señalando que las asociaciones nacionales pasarían de recibir un millón de dólares al año, hace diez años, a asignaciones de hasta 25 millones de dólares.
Sin embargo, las disculpas no fueron bien recibidas por todos. Debbie Hewitt, presidenta de la Federación Inglesa y vicepresidenta de la FIFA, manifestó que las explicaciones no fueron satisfactorias. “Lo decepcionante es que no obtuvimos ninguna respuesta a nuestras demandas específicas”, indicó tras la reunión.
Para Hewitt, Infantino mostró “cierto arrepentimiento”, aunque solo por no haber elevado previamente la cuestión al Consejo. “Lo único por lo que realmente se disculpó fue por no haber sometido la cuestión al Consejo”, remarcó.
La crítica fue aún más contundente por parte de Bernd Neuendorf, presidente de la Federación Alemana de Fútbol, quien expresó que la reunión no ayudó a restaurar la credibilidad de Infantino. “Hicimos muchas preguntas críticas y, desde mi punto de vista, no hubo respuestas satisfactorias”, lamentó.
Neuendorf planteó que la situación es seria: “Se ha perdido la confianza en él. Ahora deben ser nuevas personas las que elaboren nuevas ideas y hay que determinar cómo volver a poner esta organización, que es extremadamente importante para el fútbol mundial, sobre bases serias”.
Pese a este clima de descontento, Ahmed Yahya, presidente de la Federación Mauritana, defendió las intenciones del proyecto inicial, afirmando que el problema radicó en la forma en que fue presentado: “Era una propuesta pensada en beneficio del fútbol. Lo que falló fue el método”.
Más allá de las controversias políticas, el Consejo también trató otros temas institucionales, incluyendo la creación de un grupo de trabajo para evaluar posibles reformas de gobernanza, revisiones de diversos procedimientos disciplinarios y el anuncio de que varias de las medidas económicas necesitarán ser ratificadas en futuras reuniones y en el Congreso de 2027.
Sin embargo, a pesar de las importantes iniciativas anunciadas y los llamados a la unidad, la impresión general fue otra. Infantino logró evadir una escalada inmediata del conflicto, pero no disipó las inquietudes de aquellos que consideran que la crisis política más significativa de su gestión continúa sin resolverse.









