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Entrenamiento, alimentación saludable y descanso: el nuevo paradigma del bienestar y su impacto social

25 mayo, 2026
in Sociedad
Entrenamiento, alimentación saludable y descanso: el nuevo paradigma del bienestar y su impacto social
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Una mañana comienza y, antes de tomar el desayuno, una persona ya ha recopilado diversos datos sobre su cuerpo. Observa la calidad de su sueño, la cantidad de pasos que recorrió el día anterior, su ritmo cardíaco durante la noche y si ha cumplido con su rutina de ejercicios semanal. Posteriormente, puede publicar una foto frente al espejo, compartir su rutina en redes sociales, o utilizar una aplicación que sugiere modificar hábitos, mientras compara su imagen con la de otros que también aparecen en pantalla.

Esta rutina diaria es parte del análisis presentado en Cuerpo sin Cuerpos, el segundo volumen de TRAMA, el observatorio cultural de VML Argentina. El ensayo, elaborado por un equipo de sociólogos, psicólogos, analistas culturales y expertos en comunicación, plantea que el cuerpo ha dejado de ser únicamente una experiencia privada para convertirse en un elemento que se gestiona, se exhibe y se expresa a través de métricas. En este contexto, la vida cotidiana parece girar en torno a tres acciones principales: medir, optimizar y corregir.

El documento se fundamenta en una premisa central: en un entorno marcado por la incertidumbre económica, la fragilidad laboral y la escasez de perspectivas claras, muchas personas ven en su cuerpo una de las pocas áreas donde aún pueden ejercer control. Así, mejorar el sueño, hacer ejercicio, ajustar la alimentación, manejar el estrés o intentar mantener la juventud se revelan como objetivos alcanzables en una realidad compleja.

Fabiana Antonelli, Chief Strategy Officer de VML Argentina, expone que las promesas sociales de estabilidad y movilidad han perdido efectividad, y esa búsqueda de control ha migrado hacia un ámbito individual. “El cuerpo gana una centralidad inédita. Se vuelve uno de los pocos territorios donde todavía parece posible intervenir, mejorar, ajustar algo”, sostiene.

El ensayo también examina la inter conexión entre el cuerpo, las redes sociales y la visibilidad. La exposición de la vida personal, que solía asociarse exclusivamente a celebridades, se ha convertido en una práctica común entre millones de personas. Publicar rutinas de ejercicio, comidas, intervenciones quirúrgicas y hábitos de productividad se ha volcado en una narrativa constante sobre la vida propia.

La necesidad de reconocimiento a menudo impulsa esta documentación diaria. El cuerpo se convierte en un elemento clave porque puede ser fotografiado, comparado y transformado en un símbolo. Para Antonelli, las redes sociales han ampliado el deseo de ser reconocidos, multiplicando las ocasiones en que las personas buscan ser vistas, y han hecho de la exposición una práctica cotidiana. En este ecosistema, la identidad se construye a partir de señales visibles: cómo se presenta, qué consistencia se muestra ante los demás y qué relato transmite el propio cuerpo.

Así surge lo que el informe denomina una “democratización de la celebridad”. Con un teléfono móvil y una cuenta en redes, cualquier persona puede reunir una audiencia en torno a su vida. No obstante, el desafío no reside solo en la exposición, sino en la presión por mantener una imagen de disciplina, bienestar, juventud y control constante.

El ensayo presenta ejemplos de la cultura digital que evidencian la transformación del cuerpo en un espectáculo. Un caso emblemático es el de Gero Arias, un joven de San Luis que se propuso realizar un número mayor de dominadas que el día anterior durante 365 días, documentando su progreso en redes sociales. Su desafío fue seguido por miles de espectadores en el Obelisco y cientos de miles más a través de una transmisión en vivo, representando una clara manifestación de este fenómeno: esfuerzo físico, disciplina, visibilidad pública y una audiencia involucrada.

Este mismo fenómeno se manifiesta en intervenciones estéticas, uso de filtros y exposición de rutinas de cuidados personales. En esta cultura, el antes y el después, los hábitos extremos o las rutinas meticulosamente organizadas se convierten en formatos para la circulación digital. “El cuerpo optimizado encaja muy bien en esa lógica porque combina relato, evidencia visual y promesa aspiracional”, afirma Antonelli.

El auge del fitness se alza como otro indicador de este cambio. Según el estudio, en las ciudades hay ya cuatro veces más gimnasios que iglesias, y el interés por la musculación en Argentina aumentó un 50% entre 2021 y 2023 entre la población que practica deportes. Esta realidad pone de manifiesto que el ejercicio ha evolucionado de ser solo una actividad física a integrarse en una forma de organizar el tiempo, el consumo y la identidad de las personas.

El informe no sostiene que el ejercicio, el bienestar o la tecnología constituyan problemas en sí mismos. La cuestión radica en lo que ocurre cuando estas prácticas quedan atrapadas en una lógica de rendimiento. Dormir deja de ser un descanso y se transforma en recuperación productiva; alimentarse se convierte en ajustar niveles; entrenar se entiende como una demostración pública; y descansar se utiliza como herramienta para reintegrarse en el ciclo de productividad.

Al abordar la cuestión del cuerpo femenino en la actual era de la corrección, el ensayo señala que el régimen de visibilidad y medición no pesa de la misma forma sobre todos los cuerpos. Aunque la presión por optimizarse se presenta como un discurso universal, su aplicación es desigualmente distribuida. En el caso de las mujeres, se articular con una historia de vigilancia sobre la apariencia, la edad, el peso y la adecuación a estándares de belleza específicos.

Los datos recopilados en el informe revelan esta desigualdad. En Argentina, el 91% de los comentarios negativos sobre cuerpos se dirigen hacia mujeres. Más de 80% de las encuestadas manifiestan sentir vergüenza de su cuerpo en espacios públicos. Mientras, el 60% cree que debería perder peso, incluso sin indicación médica, y seis de cada diez reconocen que estos comentarios impactan su autoestima.

La presión no siempre se manifiesta de manera directa. A menudo se disfraza en el lenguaje del autocuidado, la disciplina y la libertad individual. Por eso, una de las contribuciones del ensayo es la observación de cómo coexisten discursos de diversidad corporal con estándares restrictivos que aún determinan el valor social de los cuerpos. Antonelli identifica esta tensión: aunque ha habido avances hacia una mayor representación y cuestionamiento de los ideales de belleza, los estándares restrictivos han mutado en sus formas y justificaciones.

Esto implica que la diversidad puede aumentar en la superficie, pero las normas profundas continúan vigentes. El ensayo menciona el resurgimiento de estéticas vinculadas a la delgadez extrema, el control estricto de la alimentación, la juventud perpetua y las prácticas de autocorrección. Aun con discursos de inclusión, se constata que la representación de modelos plus-size en las pasarelas de las principales capitales de la moda ha disminuido un 71% entre las temporadas primavera/verano 2020 y 2025, según Vogue Business.

De este modo, el cuerpo femenino enfrenta una doble exigencia: debe funcionar y mostrar. Tiene que parecer saludable, juvenil, deseable, y asumir el esfuerzo que conlleva mantener esta imagen. El corregir constantemente se convierte en parte de lo cotidiano: filtros, aplicaciones, cirugías, rutinas antienvejecimiento, dispositivos de modelado, ejercicios faciales y prácticas de monitoreo se vuelven comunes.

Esta relación entre el cuerpo y la tecnología trasciende la mera imagen. El informe destaca el incremento del uso de dispositivos que rastrean aspectos corporales, desde relojes inteligentes hasta aplicaciones de seguimiento del sueño, nutrición o entrenamiento. Según el entorno de presentación del ensayo, el uso de tecnología para monitorear sueño, ritmo cardíaco y nutrición crece anualmente a un ritmo cercano al 17%.

Dentro de este marco, la salud deja de definirse únicamente como la ausencia de enfermedad y se transforma en un estado de mejora incesante. El cuerpo se convierte en un tablero de control en el que se registran pasos, calorías, pulsaciones, horas de sueño, picos, niveles, desviaciones y promedios.

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